“Melancolía”, by Mercy Alicea Rivera

GW322H182

Cuando miro por esta ventana, la única fuente de luz dentro de esta habitación fría, adornada con lujos que solo me recuerdan que vivo en una jaula de oro, donde todo se me ofrece sin esfuerzo, donde solo soy un objeto, un simbolo de poder que en realidad no poseo, porque para mi Rey ya no soy nada, ya mi palabra no cuenta para él, ni siquiera mi presencia, es cuando me doy cuenta que la vida de una doncella sin nobleza es mucho más feliz que la de una reina. Como quisera ser ahora una mujer como ellas, al verlas pasear del brazo del hombre que aman, buscando un lugar para compartir un beso, una caricia. Es evidente que la vida para ellos no es fácil, pero en cuanto al amor son más que afortunados. Veo mujeres de mi edad que lucen mejor que yo, la juventud sigue presente en ellas aún cuando el trabajo es duro, la comida escasa y el descanso leve. Seguramente al llegar a casa encuentran la compañía de un esposo fiel, hijos que la abracen, el calor de un hogar, un verdadero hogar.

Porque este bello palacio no es un hogar… este lugar es un nido de serpientes que se entrelazan en el oro, el poder y la ambición. Es una cueva donde seres sin compasión complacen a un rey que solo busca ver sus caprichos satisfechos y su gloria exaltada. Porque en este palacio tengo que pasearme todos los días fingiendo una sonrisa, saludando embajadores, cortesanos, miembros del consejo a quienes poco les importa mi suerte, mi buenaventura o mi desgracia. Hipócritas que se inclinan ante mí para luego ofenderme con sus actos siniestros en mi contra. Este es el refugio de las rameras que ocupan mi lugar en la cama del rey, y luego me siguen a todas partes, me atienden, me llaman Majestad y Señora, horas después de haberse revolcado con mi esposo. Y todo lo tengo que soportar, porque soy la Reina, quien gobierna junto al Rey que me martiriza sin levantarme la mano, o sin una palabra ofensiva. Son sus actos tras las sombras de estas paredes  los que poco a poco están consumiéndome de la manera más amarga. La dureza de su rechazo se está llevando poco a poco lo mejor de mí, aún cuando mis años no son viejos, mi piel muestra líneas secas, de tiempo natural adelantado a mi edad; duele ver como la soledad, el abandono, la falta de amor y el miedo pueden acabar con una mujer que solo ha vivido para amar, honrar y obedecer.

REIGN-articleLarge

Lejos están los recuerdos de cuando alguna vez fui feliz en mi hermosa Andalucía, en aquellas Calles de Aragón donde el amor hacia mí y hacia mi familia era tan palpable como aquello se puede sosterner entre las manos. Lejos están aquellas ilusiones de niña cuando la promesa del amor y la gloria de un príncipe me esperaban en tierras lejanas, muerto está mi noble caballero, mi promesa de Rey, aquel que con su mirada prometía fidelidad legítima, que sin conocerme me hablaba de un futuro hermoso, me decía que algún día su reino y el mío serían uno solo. Su muerte se llevó esa oportunidad, a pesar de que nos bendecía la juventud, la enfermedad lo arrancó de mi lado, sin darme la dicha de conocer ese amor tierno que en sus ojos brillaba, se fue y me dejó vacía, en un limbo que me negaba a comprender, pero que estaba allí. Tras su muerte fui descartada, mi destino incierto, en silencio me preguntaba que sería que mí; era como si la muerte de Arturo se hubiera convertido en mi deshonra, aún cuando entre nosotros… jamás hubo esa intimidad de la que tanto me hablaron, con la que con temor soñaba a pesar de que todavía no le conocía. El tiempo pasaba, yo seguía perdida entre dos reinos. Hasta que la luz tocó de nuevo a mis puertas, y se me dijo que el hermano de mi difunto esposo, el joven Enrique, sería mi prometido, mi futuro.

Y yo creí que mi vida comenzaba. Cuando lo conocí…. supe sinceramente lo que era sentir amor verdadero, sentir ese ardor en el corazón, ese vacío en las entrañas, que es tan dulce y tan profundo. Lo miré a los ojos y no me sentí una desconocida, como me ocurrió cuando ví a Arturo por primera vez, a Arturo lo sentía yo como a un amigo al que me veía obligada a ver como hombre… con Enrique, todo era diferente, y esta vez yo estaba dispuesta a dar todo por ganarme su amor, por hacerlo feliz e unirme a esa dicha con él. Aún en tardes calmadas como ésta, cuando no hay mucho revuelo en la corte y puedo pasearme sin tantos ojos observándome, puedo recordar aquellos días donde yo era el centro de la vida de Enrique, cuando nos paseábamos por los jardines de este palacio tomados de la mano, ante la mirada fría de su padre y del Cardenal, que creo que siempre ha sentido antipatía por mí; nada de eso importaba, porque yo tenía su presencia, su penetrante mirada sobre mí y la seguridad de que me amaba, tanto como yo lo amaba a él.

098

Dios, como extraño aquellos tiempos! Como me duele no tenerlos más! Nunca falté a mi palabra cuando dije que era doncella… Fue Enrique y no Arturo quien hizo de mí una mujer completa, eso lo sé… Con Arturo no hubo nada, nada comparado a lo que viví con Enrique en nuestra noche de bodas. Enrique fue mi primer hombre, y será el último, pues juré ser suya para siempre y así será hasta el día de mi muerte. Como recuerdo aquellas noches entre sus brazos, la pasión de Enrique no se puede describir con palabras, tal vez es por eso que no hay mujer que pueda resistirse a él. Es solo por eso que mi desprecio por ellas no llega tan lejos… porque comprendo lo poderosa que es esa parte suya, que se atreve a repartir aún a costa de mi sufrimiento. Largas eran las noches de amor a su lado, dulces los momentos juntos, abrumadora la llama de su habilidad para amar. Tanto amor dejó frutos es nuestros primeros años, incluso un hermoso príncipe que tenía sus ojos. Pero el destino no les permitió vivir lo suficiente para mantener vivo el amor de su padre por mí. Dios en su infinito misterio decidió arrebatar a esos niños de mi lado cuando apenas habían logrado aliento de vida, y con la pena de esas muertes… el amor de Enrique por mí dejó de ser el mismo. Fue entonces cuando aparecieron las amantes…todas llenando algo en la vida de Enrique… esas mujeres que se llamaban mis damas, mis servidoras, despertaron en el una pasión atroz que apagaba la pena de la muerte de nuestros hijos. Con cuanto dolor me tragué los celos! Tuve que sacar fuerzas de donde no tenía para no enfrentarlo, para no gritarle a los cuatro vientos la rabia que me consumía gracias a su engaño! ¿Acaso no era yo joven aún, acaso no era yo capaz de darle más hijos, acaso no era yo como ellas en nuestra intimidad?

Catherine_and_Mary___The_Tudor_by_SophiaHana

Pero yo siempre fui fiel, siempre su esposa amante, su reina intachable, incapaz de una palabra hostil hacia mi señor. Y en las noches, sabiendo yo que tal vez venía de dormir en otras sábanas, yo le recibía en mi lecho, aceptaba sus caricias, sus besos y su amor, y fue entonces que fue concebida… la más grande de mis alegrías. Pues nació María… una niña que a sus ojos debió ser varón, pero ante los míos ella era la señal de que había esperanza, que su llegada solo anunciaba la bendición de que mas hijos vendrían. María, María… dulce princesa mía; hija de mi corazón. El bálsamo que calmó por mucho tiempo la voracidad del rey por camas ajenas, y lo devolvió a mi lado, su ternura hacia mi regresó; los tres éramos como uno solo, y yo volví a ser feliz, una reina sonriente y complaciente, una madre dichosa y orgullosa, una esposa amante y dedicada. Más tan cierto como que nada es para siempre… poco me duró la dicha, pues tras el nacimiento de María, solo más muerte llegó con cada nueva maternidad que me tocaba… sangre muerta y silencio llenaron mi vida, y con el último parto…murieron mis esperanzas de dar un príncipe al hombre que tanto amo.

La luz de la alegría se fue apagando, solo María me mantenía fuerte… con deseos de seguir. Su presencia me hacía olvidar que mi vientre ya estaba seco y maltrecho. Pero en mis horas de soledad, el eco de los rumores de amantes me atormentaba, más la culpa de saber que no podría nunca complacer a mi rey… me hacía hacerme de la vista larga…pues si el me perdonó mi falta, yo debía hacer lo mismo con las suyas. Siempre pensé que me seguía amando de alguna manera, en ocasiones visitaba mi lecho… aunque fuera solo para dormir a mi lado, además, aunque tuviera amantes, yo siempre seguía siendo su reina. Me consultaba cosas, hablábamos como marido y mujer, nada era como antes, pero yo era su reina, y ninguna otra opacaba mi lugar junto a él.

GW312H222

Pero ahora… ahora llega ella, ella que no es como cualquier otra mujer de esta corte. Ella que es fuerte, hermosa, brillante como la luz del sol, con la misma vitalidad que yo tuve hace años y con la suficiente sabiduría y coraje para arrancar de mi lado al hombre que más amo, y con él, mi corona. Esa corona que ahora me duele como si estuviera hecha de espinas… porque llevarla ahora no me mantiene segura como reina, mi corona ya no tiene poder, pues ella con su oscuridad lo está matando. Ana Bolena, al igual que su hermana capturó el interés de Enrique… solo que Ana es más inteligente. Cuando la observo en la corte, siento que mi sangre se congela. Es audaz, tiene talento para ser admirada, y juega con el deseo de Enrique con extraordinaria perfección. Sabe como volverlo loco sin dejar que siquiera la toque. Me da rabia verlos bailar en mi presencia, y presenciar como se devoran el uno al otro con la mirada. La maldigo en silencio y al mismo tiempo la envidio, porque quisiera tener lo que ella tiene, desearía absorber su encanto y su juventud para recuperar a mi rey… tenerlo como antes, así… como ella lo tiene ahora.

GW357H201

Y es impresionante luego verla ante mí, sirviéndome y atendiéndome como la más sumisa de las doncellas. Apenas me mira a los ojos, y cuando lo hace demuestra un respeto limpio, tan profundo que aveces hasta le creo. Ana Bolena, su alma debe ser tan oscura como el color de su mirada, ella es como el cuervo nocturno que espera en la puerta de los miserables, para observar… y luego satisfacerse de sus agonías. Pero cuando la miro, no puedo evitar en cierto modo pensar…que tal vez al igual que yo, no es culpable de sentir lo que siente, o que como a mí… la han visto como la clave para el poder absoluto, aún si eso significa destruir. Es increíble su maestría para mostrarme respeto, y luego a escondidas verse con mi rey. Su presencia me hace imaginar sus encuentros… me parece verlos besándose por los rincones, haciéndose promesas a mis espaldas, planeando como se desharán de mí para poder estar juntos. ¡Como se han de burlar de mí, de seguro dicen cosas humillantes, se ríen de mis faltas e incapacidades! Siento rabia al saber que ella posee lo que yo ya perdí, y que poco a poco está matando el poco amor que Enrique sentía por mí.

Su presencia me desespera, pero echarla de mi lado significaría incrementar el rechazo de Enrique hacia mí. Ana Bolena no necesita restregarme con palabras lo que sucede entre ella y el rey, su forma de ir por la corte lo dice todo… esas bellas joyas que luce todos los días, la osadía de vestir a la Francesa cuando mi orden es contraria. Yo soy la reina, pero ahora es Ana quien manda en esta casa… más bien… en este lugar… porque este palacio dejó de ser mi casa hace mucho tiempo. Y le pregunto a Dios con fervor: ¿Por qué permites que el sol brille para ella, mientras que sobre mí solo llueven amarguras? ¿Por qué permites que ella entre en su corazón, y lo alejas de mí? ¿Que hice para merecer esta tortura? Todos saben, que hice todo por darle al rey un hijo varón, jamás le negué mi cuerpo aunque estuviera yo sufriendo la peor de las fiebres o la tristeza más profunda, porque al igual que él yo anhelaba esa bendición. Aún no tengo respuesta, y el tiempo se acaba. Años van y vienen, poco a poco Ana gana terreno, Enrique me humilla y a ella la adorna de felicidad, mi Fe es fuerte, pero mis fuerzas disminuyen.

He sido traicionada tantas veces por las mujeres que se han hecho llamar mis damas. La que le dio un hijo que ahora está por encima de mi hija en rango y quizás hasta también en amor, pasó de largo… solo se quedó como la madre de su hijo y nada más. Me sentí humillada pero igual me mantuve fuerte… porque él no me cambió por ella. Pero Ana… ella es distinta, Enrique la ama, la desea, sabe que su juventud es señal de una maternidad sana, ve en ella la esperanza de un príncipe y no le importa acabar con todo lo bueno y sagrado en este reino, con tal de sentarla a su lado como reina, enterrándome a mí en el camino… como si yo hubiera sido un error en su vida, un mal paso, un estorbo. Quienes están cerca del rey la favorecen… incrementan el deseo del rey de desterrarme, han cambiado su mente, su corazón… lo han hecho pecar de la manera más abominable. El Rey ya no tiene amor por su pueblo, por las Sagradas tradiciones, ni siquiera por la Ley de Dios. En su vida… Ana es la ley, y yo soy la plaga que hay que curar para que ella pueda brillar en plena libertad. El tiempo pasa… este lugar es cada vez más frío, no quiero dejar mi habitación, me aturden los suspiros de quienes me tienen lástimas, me hieren las voces de quienes se alegran de mi desdicha, ya ni siquiera puedo ver a mi hija, mi hermosa María, ya no hay consuelo desde que me me arrebataron la luz de su mirada. Me duele saber que mientras yo me consumo aquí, ella es feliz con mi Rey. ¿Por qué Enrique? Cuando miro a mi alrededor, veo menos doncellas… seguramente han decidido servirla a ella, están hartas de mi tristeza y no están dispuestas a consolarme. ¿Es esta vida la que Ana Bolena desea con tanto fervor que no se ha detenido a pensar que algún día, al igual que yo, puede verse bajo las mismas circumstancias? Se que ella le ha prometido un hijo, tiene que haberlo hecho ya, ella sabe que es lo que el Rey más desea. Que ruegue de rodillas por un hijo… porque de lo contrario, si no lo logra… quizás su destino termine siendo más negro que el mío. Más no tengo interés en advertirle. Enrique está moviendo el mundo por ella… si ella lo hace infeliz, será con ella mucho más cruel que conmigo, estoy segura. ¿Pero Dios, por qué dudo de su victoria? Si ella ha logrado ya hundirme en la más dura soledad.

images (7)

Apenas duermo, este nuevo amanecer que ven mis ojos es sombrío, siento que voy a recibir la última estocada. De pronto escucho pasos, luego la voz de una de mis damas anunciando la llegada del Secretario del Rey, al verlo me doy cuenta de que yo estaba en lo cierto. Trae en sus manos lo que parece ser un decreto real. Cuando lo lee en voz alta, entiendo que es el final. El Rey me ordena abandonar mi casa, mi vida, mis recuerdos, mi amor por él. Me ordena salir del lugar que fue testigo de tanto amor, de tanta felicidad, de tanta gloria. Me envía a un lugar apartado de su nueva vida con una mujer que nunca podrá amarlo con la misma fuerza con la que yo lo amé, con la que lo sigo amando todavía a pesar de su crueldad hacia mí. Pero cuando me uní a él juré honrarlo y obedecerlo siempre, y eso es lo que haré.

Todo está listo para mi partida…solo mi dama más leal, a quien considero una amiga más que una sirvienta, ha decidido seguirme. Mi querida María de Salinas, como vas a sufrir cuando te diga que no se te permitirá acompañarme, pues temen que me ayudes a conjurar una venganza contra el Rey. Eso piensan de mí, me temen aún cuando saben que mi sobrino jamás intervendrá en mi nombre… ciega he sido todo este tiempo. Si ha sido capaz de mantener a mi hermana su madre en las sombras como si ella nunca hubiera sido reina, si rompió su compromiso con mi hija… ¿Acaso puedo esperar apoyo de su parte? Después de todo, de nada me sirve ahora. Enrique ha dictado su palabra y contra eso ya nada se puede hacer. Adiós digo al lugar que una vez contempló mi felicidad, y que ahora me despide en denigrante humillación. Todo es silencio, el aire es denso, me siento perdida; solo esperan por mí tres sirvientas, no son damas de nobleza, pero al menos se inclinan ante mí, me reconocen como su reina, y por eso siempre le estaré agradecida.

GW298H337

Se que no habrá regreso, el corazón me lo grita. Ella ha ganado, venció todos los obstáculos que me hacían fuerte e invencible. Pudo contra todo y contra todos. Aunque me duela, aunque me sienta la más miserable al admitirlo, se que ella va a reinar en este lugar. Compatirá su cama, le dará los príncipes que yo no pude darle, borrará mi existencia de este lugar y me convertirá en un triste recuerdo. Cuando me pregunto como pudo sucederme esto, ¿que fue lo que hice para merecer esto? Surgen miles de respuestas, y todas me hacen culpable. El amor no tiene lugar en los reinos de la tierra; el poder, el deseo, la ambición y la lujuria le han suplantado. Si la reina no complace al rey, esta esta condenada a ser aplastada por su ira. Y lo mismo le sucederá a ella si se atreve a faltar a sus promesas.

GW324H182

Adiós a este lugar, a mis recuerdos, se que me voy para no volver…ya no vale la pena luchar por lo que de sobra se está perdido. Solo me queda Dios, y la esperanza de que algún día el corazón de Enrique recuerde el inmenso amor que nos juramos, que no olvide que tenemos una hija, una hija que es todo lo que este reino merece como soberana, una vez él ya no esté sentado en el trono. Dejo atrás mi corazón, mi esencia, mi existencia… todo lo que fuí quedará marcado para siempre en estas tierras, en las paredes de este palacio. Adiós a mi reino, adiós a mi señor y amado esposo. Me voy en paz, cargando mi cruz pero con mi alma limpia…pues yo soy la reina, la reina aunque ella se pasee con mi corona. Yo soy la reina, aún en la despedida,… y lo seguiré siendo, hasta el final de mis días.

GW222H311

Mercy Rivera

Mercy Rivera is a popular short deep introspection fiction and non-fiction history writer composing in both English and Spanish. Mercy is also well known for her beautifully crafted historically themed videos.

Leave a Reply