Los Recuerdos de Mi Locura ( Juana De Castilla), por Mercy Alicea

Convento De Santa Clara En Tordesillas, Castilla.

10 de Mayo de 1554

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En la habitación principal, sentada junto al ventanal se encuentra su Majestad Juana de Castilla; inmersa en una meditación fría y que parece no tener fin.  Ni los rezos de las monjas, ni las atenciones de los médicos, ni siquiera la compañía de su hija menor, Catalina de Austria parecen tener sentido para ella.

Poco a poco, quienes rodean a Juana comienzan a rendirse… es evidente el deterioro de su salud; solo su hija parece seguir teniendo la esperanza de que su madre recupere el brío que su casta de Reina demanda.  Pero su esperanza como siempre, se desvanece cada atardecer; cuando debe retirarse, para que su madre descanse, si es que al constante letargo en el que vive se le puede llamar descanso.

Pero es cuando llega la noche, que Juana regresa a la realidad; en la soledad de las horas nocturnas es cuando ella revive los momentos mas hermosos de su vida; como siempre, y a escondidas de los ojos que la vigilan; ella se pasea por su enorme habitación, y en cada paso… se cuenta a si misma su historia….

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Cuando dije adiós en aquel puerto… sabia que ese adiós seria para siempre.   Se me acabaron los juegos de niña; ya no seria más la hija de los Reyes de España; no más días de no hacer nada; ahora me tocaría ser esposa; y trabajar para los intereses de mi Patria.

Mi juventud… mis ilusiones, y aún mis miedos me ayudaban a caminar aquel día… cuando fui presentada al hombre… que me arrancó el aliento con solo mirarme.

Felipe… oh Felipe… mi gran amor y mi perdición.  Yo, que naci para ser reina, que dentro de mí siempre existió la fuerza para imponer mi voluntad y ser el orgullo de mi linaje… era menos que nada cuando estaba contigo.  Entre tus brazos moría mi voluntad… me hacía pequeña; débil, y en mi corazón existía un terror constante de solo pensar que tus ojos pudieran contemplar a otra, que tu deseo se encendiera por otro cuerpo; te quería solo para mi, que fueras mi rey y mi hombre hasta la muerte.

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Fue contigo que aprendí a ser mujer en cuerpo y alma; me acostumbré a tu pasión salvaje; a tu continua necesidad de tenerme, de dominarme.  Yo hacia todo lo que te complacía… hubiera renunciado hasta a la vida misma por tu amor.

Pero eso no es lo que se espera de una reina; por eso me llamaban loca, loca porque vivía enamorada de mi rey, y me asustaba la idea de perderlo como hombre.  Loca porque los celos no me dejaban vivir… loca porque la verdad siempre estuvo ante mis ojos… y nunca la quise ver.  Porque no hay verdad mas clara, los hombre no saben amar… y mucho menos cuando llevan una corona en la frente.  El era igual que mi padre… codiciando el poder a mis espaldas… queriendo robarme todo; se olvidaron de quien era… no les importó lo que yo sentía; vivían conspirando contra mía día y noche… y todos me llamaban loca.  Cuando abría la boca para mostrarles a todos la maldad que me rodeaba… me acusaban, me ridiculizaban; cuando lloraba desesperada porque el dolor de la traición me consumía… me miraban como si la razón ya no fuera parte de mí.

¿Cómo pudiste dejar de amarme Felipe?  ¿Es que acaso alguna vez me amaste con la intensidad que yo lo hice?  Te lo di todo, mi cuerpo, mi alma, mi corazón, mi vientre te produjo hijos hermosos que eran el orgullo de este reino.  Si, es increíble cuando lo pienso pero… también tu semilla hizo estragos en mi; porque hasta mi propio hijo… Carlos V; Emperador; Rey, Archiduque de Austria… mi hijo, tu semilla más fuerte… me encerró en este convento donde todos me tratan como a una enferma y no como la Reina que soy.  Se avergüenza de su madre;  se que solo me nombra cuando le conviene recordarle al mundo quienes fueron sus padres; sobre todo en Aragón, donde el nombre de mi pobre hermana Catalina sigue siendo respetado y venerado como la santa que siempre fue.

Catalina… mi dulce Catalina… Hermana querida.  Cuando nos separaron eras aun una criatura, una niña que ni idea tenía de cual sería su destino.  Cuando nos despedimos en aquel puerto… mi único deseo siempre fue que fueras feliz… después de ese día… solo logré verte una vez más y si… parecías feliz con tu rey; pero eso tampoco funcionó.  No se cual de las dos sufrió más…aunque después de todo… es lo mismo; el amor nos condenó a ser miserables; a vivir con dolor, con miedo, con humillaciones y tragándonos la rabia que nos consumía como una llama infernal.  Enrique y Felipe… son los nombres de nuestras condenas hermana; al menos la sentencia para ti fue más piadosa… la muerte puso freno a tu sufrimiento; mientras que yo sigo aquí; viviendo entre tinieblas y recuerdos, entre la cordura y la locura.  No fueron tan distintos nuestros destinos Catalina; en realidad… pienso que ser mujer y nacer en cuna de reyes… es tener la certeza de que la alegría siempre te dará la espalda. Porque quienes te rodean solo te adoran por lo que eres, no por quién eres en realidad; dan la vida por tener tus favores y tu aprecio; pero para nada les importa si lloras, si ríes, si sufres o si eres feliz.

En las fiestas te aplauden, te sonríen cuando bailas; en las victorias te llenan de elogios… pero cuando se dan cuenta de que eres humana, cuando notan esa primera lágrima, en un segundo te dan la espalda.  Catalina… yo se que siempre estás a mi alrededor… se que comprendes lo que digo.  Todos te dieron la espalda cuando Ana Bolena se convirtió en la favorita de Enrique; pocos fueron los fieles que se atrevieron a dar la vida por tu verdad…. Pero ella también pagó cara su osadía… la osadía de enamorarse tanto del hombre como del poder.

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Pero  en algo fuimos distintas hermana…tu temor por Ana Bolena no te hizo enfrentarla como debías…. Aún recuerdo como humillé a una de las zorras de mi marido; puedo saborear todavía el placer de verla llorar cuando hice girones su rojiza cabellera… esa que a Felipe tanto le gustaba.  ¡Debiste cortarle el rostro a esa mujer cuando tuviste la oportunidad hermana!  ¡Eras la reina amada de Inglaterra, nadie te hubiera juzgado y Enrique jamás la hubiera vuelto a mirar!

Les dimos todo a nuestros hombres Catalina… e igual nos hicieron a un lado.  Amé a Felipe más que a mi propio ser e igual se acostaba con cualquiera de mis damas… ¿Acaso tenía que portarme como una ramera en la intimidad para evitar que sus ojos miraran a otra mujer?  ¿De que sirve ser noble, delicada, tierna y romántica cuando los hombres se aburren  y quieren retozar en lugar de hacer el amor… con amor?

Pero ya nada de eso importa…aunque mi alma me siga gritando que soy la reina; aquí para todos soy Juana la loca y nada más.  La pobre Juana que enloqueció de amor… la reina que permitió que su desesperación le arrebatara el poder.   Lo que queda de mi… esta pobre masa que apenas puede cargar con el alma; alma que jamás podrá perdonarse el haber sido tan débil como mujer y tan poco prepotente como reina.  Debí ser fría, calculadora, ver solo por mi y por mis intereses, como toda reina inteligente debe hacer; pero no, el amor me cegó; amé tanto a mi rey que me habría dejado enterrar con él en ese sepulcro que puso fin a nuestro amor… porque me gusta seguir creyendo que realmente me amaba; que fui su mundo como él fue el mío; quiero seguir creyéndolo, si no esta locura que marca mi existencia se volverá cierta… y con eso todas las barbaridades que se cuentan sobre mí.

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He llorado tanto mi dolor y mi vergüenza que ya no me quedan lágrimas; ni siquiera eso me queda; solo un dolor a secas que no me deja en paz.  No se como se puede seguir viviendo con tanto vacío; con tanta soledad, con tantos deseos que ya no serán cumplidos; ¿Por qué no se muere la esperanza de una libertad completa, de recuperar lo que se perdió, de volver a ser quien uno fue?  ¿Por qué se sigue anhelando vivir cuando ya no queda nada? ¿Será el temor de que los recuerdos mueran; y que la tierra se lleve hasta la última traza de una vida entera?

Si tan solo la luz de esa hermosa luna me consumiera y pudiera desvanecerme de una buena vez; la vida para mi solo es una cadena de recuerdos; los revivo y siento que se me quema el corazón.  Ya ni tolero mirarme al espejo, ya no soy ni la sombra de la mujer que una vez fui. Estoy vieja, acabada, con la cabeza llena de recuerdos, y el corazón herido. 

Esta casta que me vino de cuna fue una maldición; haber nacido Infanta solo me puso como destino ser infeliz; pasaré a la historia como Juana la loca; serán pocos los que hablen bien de mi, y muchos los que lo harán con lástima. Pero yo si conozco mi historia… y esa verdad siempre la tendré conmigo, aún después de mi muerte.

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Mercy Rivera

Mercy Rivera is a popular short deep introspection fiction and non-fiction history writer composing in both English and Spanish. Mercy is also well known for her beautifully crafted historically themed videos.

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