“Lágrimas Negras: La Plegaria de Mary Tudor, Reina de Inglaterra”, por Mercy Rivera

February 18, 2017 in Hall of Crowns (Mercy Rivera), Historical Fiction, Queens of World History, Spanish Language Diary Entries by Mercy Rivera

por Mercy Rivera

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Reina Maria Tudor

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Video producido por Mercy Rivera (piratesse4)

 Mercy no posee nada del contenido.

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LágrimasNegras

Fui una vez la perla de este reino, la luz de los ojos del Rey mi padre, y la vida entera de la reina, mi madre. Heredera de sangre noble, de casta fuerte, con ancestros de linaje impecable, y legado precioso, mas aún, a pesar de todo eso, no soy amada por mi reino, ni por mi marido ni por los que me rodean. Yo, la nieta de Isabel y Fernando de Castilla, hija de la noble Catalina de Aragón, hija del león, Enrique VIII, estoy reducida a menos que nada, con una corona que me pesa, que me duele, que me da un inmenso poder pero al mismo tiempo me condena a una soledad extrema. ¿De que me sirve cargarla en mi cabeza si no me puede dar el amor de mi súbditos y de mi rey, de que me sirve si no me puede dar herederos, de que me sirve si solo inspira el miedo de los que pasan por delante de mi? ¿Para esto me esforcé tanto durante mi niñez, para esto es que me mantuve en pie ante todas las amarguras que viví?

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Me miro en el espejo, y no me reconozco. He perdido la lozanía de la juventud, más por causa de las penas que por el paso de los años, me he convertido en una mujer de piedra, fría e indomable. Le he dado mi alma, mi corazón y todo mi ser a Inglaterra como siempre fue mi deber, no me arrepiento, porque he vengado a mi madre, y a mí misma por las injurias del pasado. Desde el momento en que fui unjida y coronada, le devolví el honor a mi casta, recuperé lo que siempre fue mío por derecho, eliminé a mis enemigos y a los enemigos de la Santa Fe Católica, uno por uno cayeron ante las llamas del fuego puro de la justicia de Dios, misma que por mi mano recibieron, poco a poco he destruído la herejía que vino con La Bolena y su estirpe, Inglaterra es una vez más una con Dios y el Santo Padre. He cumplido con un deber sagrado, y aún así, no soy amada. El reino entero murmura, la gente me llama “Maria Sangrienta”, me temen y me odian, no se atreven a decirme de frente lo que gritan a mis espaldas. Soy la Reina, María Primera de Inglaterra, regente sin duda alguna, y no soy amada. Hablan de mi a escondidas. Susurran sobre como la reina envejece y aún no se escucha el llanto del heredero al trono de Inglaterra. ¡Dios, como me torturan, lo peor es que son palabras ciertas, es una verdad que me hiere profundamente! ¿Acaso estoy maldita, acaso Dios me castiga negándome lo que más he querido tener en el mundo? Un hijo, un hijo al cual amar, un hijo que limpie mi alma de tantas amarguras, de tantos pesares y que borre para siempre de mí, ese pasado que tanto me envenena. Un hijo me daría la paz que perdí hace muchos años, me devolvería la alegría de vivir, hasta la misma juventud perdida. Un hijo que sería mi legado más grande, un hijo que continuaría con lo que ya he iniciado. Un hijo, una bendición, una criatura a la que amaría y entregaría todo, sin importar su género, pues jamás cometería el cruel error de mi padre, de rechazar a una hija por el deseo de un heredero varón, yo no cometería nunca esa crueldad con quien sería sangre de mi sangre, carne de mi carne.

Pero estoy vacía, y me niego a creer que no hay oportunidad, ya tuve esa dulce sensación dentro de mí una vez, y fue como si algún maleficio le hubiera hecho desaparecer. Dios sabe cuanto le anhelaba, como pude sentir que florecía la vida misma en mi vientre, no fue engaño, yo se que estaba dentro de mí. Pero por voluntad divina o maligna, no pudo ser, perdí a ese pequeño ser que el amor creó dentro de mis entrañas y mi corazón, sin dolor físico, pero si en mi alma, que nunca pudo entender el por qué de tan cruel burla de este destino mío que se empeña en condenarme a la soledad.

Destino maldito! Destino que cambió mi vida en mis años de niña cuando permitió que Ana Bolena descargara su veneno en mi vida, arrebatándome todo, a mi padre, a mi madre, mi rango y todo lo que yo amaba. Cruel destino que me puso por delante madrastras que poco hicieron por mí, por miedo a enfurecer al tirano de mi padre, al que aveces perdono, y al que aveces odio con todo el corazón, cada vez que pienso en las lágrimas de mi amada madre, y en las mías, Como sufrí en aquellos días, lejos de quien me dio el ser y de todo lo que dulcemente me rodeaba, de la protección que el rango de princesa me otorgaba, como recuerdo el terror de pensar que al día siguiente vería ante mí la sentencia de mi muerte, por la mano de esa perra de Bolena, que me convirtió en bastarda bajo el embrujo que la hizo reina sobre la desgracia de mi madre. Y es por eso que no puedo amar sin dudas a mi hermana como lo manda la ley de Dios, no solo por ser el fruto de la unión que me separó de todo lo que una vez fue enteramente mío, también, porque siempre me sentí menos que ella, si esa es la verdad aunque me pese. Posee una belleza que opaca a la que yo una vez tuve, heredó lo mejor de su madre, tiene ese encanto hechizante que atrae a las masas, los embruja con solo una sonrisa, ¡es por eso que ella no debe ser mi sucesora, no lo puedo permitir! Isabel será lo que una vez fue su madre, una reina hereje, apartará al reino de la obediencia al Santo Padre, de el dulce consuelo de la Madre de Cristo, reinstalará el mal que yo ya he erradicado y no lo puedo permitir! Y aún con todo lo que ya se, no la puedo odiar, no la puedo matar, por sus venas corre la misma sangre que por las mías, admito que recuerdo con cariño los momentos que pasamos juntas cuando la soledad y el desprecio eran nuestra única compañía. Mas como creer ahora en sus palabras de afecto, si estoy segura que su corazón anhela tener sobre su cabeza la corona que yo poseo, estoy segura que su alma es tan ambiciosa como la de su estirpe materna, ella en los huesos también es una Bolena. Isabel, mi hermana y mi rival, mi ruina, y al mismo tiempo la salvación de este reino.

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Isabel, tan joven aún, en cambio yo, a mi me han consumido las penas de tal manera, que los años se pueden considerar inocentes, ante el deterioro tan evidente en mi apariencia. Isabel, la envidio y le temo, la quiero y la desprecio, nos unen y nos separan tantas cosas. Me pregunto, ¿ como ha podido superar los martirios de su soledad, como ha logrado mantenerse fresca y bella a pesar de los miedos que la torturan, por qué a ella le ha bendecido la vida con belleza espléndida a pesar de sus penas, mientras que a mí me ha emparejado con la misma decadencia? No tengo respuestas que me conforten, que me hagan comprender y conformarme, y es por eso que ese amor que le tuve cuando era una niña, denigrada a bastarda como yo, sin madre y sin rango, se ha desvanecido, la rivalidad ha tomado el lugar de ese sentimiento que una vez fue dulce, pero que ya no es más que solo amargura.

Lejos están de mi aquellos recuerdos que dulcemente me consolaban, todo cambió desde los días en que mis padres se mostraban amor a puertas abiertas, tanto que les vi besarse, romper protocolos para brindarse sonrisas, mi padre el Rey, que corría a recibirme en sus brazos y me llamaba “La Perla de su Mundo”. Y mi madre, la hermosa Reina Catalina de Aragón, que guiaba con ternura mis pasos, la que con fervor curaba mis fiebres y me cantaba nanas en la madrugada cuando las pesadillas me aterraban. Dios sabe cuanto extraño su dulce voz, sus consejos, y aquellos regaños, que inspiraban admiración y respeto, pero miedo, eso jamás. Mis padres fueron Reyes, mas yo nunca los vi de esa manera, fueron mis padres, y con ellos fui feliz. Por eso siempre prometía a mi madre que el día que fuera Reina de Inglaterra, haría honores a mi Casta de Castilla y Aragón, haría que la Rosa Tudor marcara por siempre la Corona. Pero Ana Bolena me arrebató todo, y no importa si dicen que mi padre tuvo mil amantes, y un bastardo al que puso por encima de mí, aún con todo aquello yo era la luz de sus ojos, yo lo se. Fue ella y la llegada de Isabel, quienes sellaron mi destino para mal, y todo lo que fui, todo lo que amé, ya nunca más fue mío, y aquella promesa que mil veces le hice a mi madre, ahora mismo se tambalea, se encuentra en peligro de perecer sin ser realmente cumplida.

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Isabel, siento que tristememente en un tiempo no tendré muchas fuerzas para enfrentarte, a veces quisiera olvidar todo, y tenerte conmigo, verte como la hermana que siempre quise a mi lado, más no puedo, ya sea por envidia, por miedo, por desprecio u orgullo, debo mantenerte lejos. Yo se, que los ojos de mi esposo el Rey se han deleitado con tus encantos, los mismos que heredaste de tu madre, bien que eres cuña de su mismo árbol. ¡Me duele y me indigna! Pero en el fondo quisiera ser como tú. Te veo tan llena de vida, mientras que yo me consumo como una llama en medio de la tormenta, sonríes con dulzura, y yo ya no puedo, eres delicada, como lo fui yo en mis años felices, eres ciertamente hija de nuestro padre, hija del león, igual que yo, pero más fuerte, has sobrevivido tus penas sin marchitarte, y es por eso que, aunque me cueste admitirlo, siento que en este reino no habrá reina más amada y recordada que tú. Pues ya no puedo seguir posponiendo lo inevitable, mis fuerzas no son las mismas, y siento que lo que llevo en mi vientre, no es el dulce latir de un hijo, aunque lo deseo con todas mis fuerzas, cada día que pasa me doy cuenta que lo que crece dentro de mi me absorbe la vida, se alimenta de mi de manera ponzoñosa, más no con la dulzura con la que un a criatura de Dios lo hace dentro del vientre materno. Permita Dios y me equivoque, pero si estas dudas se tornan ciertas, tendré que heredarte todo Isabel, pasar mi corona sobre tu cabeza, y al irme de este mundo ver una vez más la perversa sonrisa de tu madre, regocijada en tu triunfo sobre mí.

Lágrimas negras he llorado, lágrimas que encierran rabia, rencor, soledad, amargura y miedo. Lágrimas negras que comencé a derramar desde el día en que me separaron de mi madre, desde el momento en el que el Rey mi padre me lanzó a la sombras para llevar a la luz a su amante en todo su esplendor, mientras que su verdadera reina, se consumía en le verguenza y en la pena de su abandono. Lágrimas negras derramé cuando me degradaron a sirvienta, siguiendo los pasos de mi hermana recién nacida y bajando la cabeza ante aquellos que siempre debieron inclinarse ante mí. Lágrimas negras he llorado sin consuelo, a solas, con el único apoyo de mis recuerdos felices, de aquella niñez que fue cortada tan temprano. Siempre escuché de mis damas decir: que las lágrimas de una princesa, siempre deben ser de alegría, pues el alma de una princesa, siempre debe brillar de felicidad, como el oro con el que fue labrada su corona al nacer. Fácil forjar palabras bellas para alagar a una princesa cuando la gloria le favorece, más cuando ésta cae en desgracia, nadie forja palabras de igual belleza para consolar, y hacer que esas lágrimas negras, tan llenas de agonía, dejen de brotar.

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Lágrimas negras han secado mi alma, se han llevado la juventud de mi rostro, lavaron con su frialdad mi alegría de vivir, ya nunca pude ser de nuevo aquella joven de gran altivez, de presencia cálida que a todos agradaba. Lágrimas negras, lloré cuando al ver mi reflejo en los ojos de mi padre el rey, ya no veía el amor de un padre, si no la rigidez del tirano que solo buscaba mi obediencia y complacencia absoluta, en su mirada fría pude ver mi propio temor, pues me di cuenta que si me mantenía firme en mis convicciones, era claro que no se tocaría el corazón para ordenar mi muerte. A partir de ese momento mi alma se fue marchitando, y así mis sueños e ilusiones igual fueron pereciendo. Pasaba el tiempo y para mí no habia esperanzas, solo la muerte de mi hermano me devolvió lo que siempre debió ser mío en primer lugar, El Trono de Inglaterra.

La dulce victoria de mi llegada al trono fue cálida, yo tenía tanto por hacer, por primera vez me sentí segura, recompensada por tantos años de rechazo y amargura. Pero de nada sirvió, porque la soledad no me abandona, y tampoco la mala fortuna. En las noches siguen brotando lágrimas negras, caen por mi rostro tan frías como el invierno mas duro, porque no hay alegría a pesar de mis logros, no hay amor a pesar de mi deseo, no, no hay amor, pues no lo veo en los ojos de el hombre al que amo, en el que había puesto todas mis esperanzas de felicidad. Me mira con desprecio, y aveces creo que hasta con asco, y no le culpo, ya no soy hermosa, al menos no como una vez lo fuí, pero le amo, ¿acaso no es eso suficiente? No, creo que no lo es, tanto que mi madre amó a mi padre, y aún así fue abandonada. ¿Por qué, Por qué para una reina es tan dificil ser amada por lo que es, por quien es, es que acaso las reinas de Inglaterra tienen prohibido el placer de amar y ser correspondidas, con la misma libertad y pureza que ese sentimiento divino profesa.

Cruel destino el mío que solo ha hecho brotar de mis ojos lágrimas negras. Tan corta fue la dicha en mi vida, y tan larga mi pena. ¿Será que mi estirpe está maldita, a causa de pecados pasados, será este el precio a pagar? Dios sabe que mis actos fueron hechos con el fin de traer a Inglaterra de vuelta a la luz, a la Fe única y verdadera. No me arrepiento de nada, pues lo hice actuando con mi consciencia, hice lo que juré en silencio mi madre y a mí misma. Pero quizás sea mi negativa a perdonar, lo que realmente me esté envenenando por dentro. Puede que esa sea la raíz de todos mis males, pues Dios mismo ha ordenado en Su palabra perdonar, aún a nuestros más fuertes enemigos. Bien pues, tomando en cuenta que dentro de mí, siento un nuevo ardor de vida, elevo al cielo una plegaria, abro mi corazón al perdón, pues si es el precio a pagar por una esperanza de felicidad, de ser amada por mi pueblo como su reina, estoy dispuesta a tragame mi orgullo, y dar el perdón a quienes más daño me hicieron en esta vida.

De rodillas, suplico a Dios y a la dulce Virgen María que escuchen mi clamor, es mi deseo, dejar mi odio atrás, que me den la fuerza que necesito para tragarme mi orgullo, y perdonar a mi padre, a esa mujer, Ana Bolena, que con su lujuria y ambición destruyó mi vida, pido por el alma de ambos, para que reciban el perdón.Te perdono, padre mío, por darme el cruel látigo de tu desprecio después de tantos años de veneración y amor, jamás podrás imaginar el dolor tan inmenso que me hiciste padecer, y si está tu alma finalmente en el cielo, no lo se, aún me siento muy herida como para anhelar que así sea, aunque mi corazón te perdone en mi memoria están ardiendo aún los recuerdos de esos días negros, que tanto marcaron mi existencia. Y ella, Ana Bolena, espero que Dios le haya perdonado todo el mal que causó, tanto a mí como a tantos hombres buenos que sirvieron al Rey con fervor y lealtad. Mi confesor una vez me dijo que ella con la pérdida de su cabeza ya había pagado todas sus maldades, tal vez sea la verdad, y sea hora de olvidarla y dejar de pensar en ella con tanto odio. Pido también por el alma de mi madre, a la que nunca olvido, la que vive en mi corazón y en mis recuerdos, que esté en paz y me ayude desde el cielo a hallar la mía propia. Y más que todo, pido que esto que siento latiendo dentro de mí, sea la esperanza de este reino, y mi redención, mi recompensa a tantos años de miedo y sufrimientos. Que me equivoque en mis malos pensamientos, que sea vida y no desventura o enfermedad lo que dentro de mi viente siento crecer, que sea un heredero, creo merecer esa bendición, ¿verdad?

Deus, animam meam: dimittite me ut plangeret prohibere nigrum lacrimis. In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti, Amen.

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English Translation:

Black Tears:  The Prayer of Mary Tudor, Queen of England

I once was the pearl of this kingdom, the light of the eyes of the King my father, and the whole life of the queen, my mother. Heir of noble blood, strong caste, with ancestry of impeccable lineage, and precious legacy, but still, in spite of all that, I am not loved by my kingdom, neither by my husband nor by those around me. I, the granddaughter of Isabel and Ferdinand of Castile, daughter of the noble Catherine of Aragon, daughter of the lion, Henry The VIII, I am reduced to nothing, with a crown that is too heavy for me to carry, it hurts me, a crown that gives me an immense power But at the same time condemns me to extreme solitude. What good is it to have it on my head if it can not give me the love of my subjects and my husband, what good is it to me if it can not give me heirs, what good is it if it inspires only the fear of those who cross my path? It is for this that I worked so hard in my early years, it is for this that I kept myself together during all my years of suffering?

I look in the mirror, and I do not recognize myself. I have lost the freshness of youth, more because of the pain than for nature of years, I have become a woman of stone, cold and indomitable. I have given my soul, my heart and my whole being to England as it was always my duty, I do not regret it, because I have avenged my mother, and myself for the insults of the past. From the moment I was anointed and crowned, I returned the honor to my caste, recovered what was always mine by right, I eliminated my enemies and the enemies of the Holy Catholic Faith, one by one fell before the flames of pure fire Of the justice of God, which by my hand they have received, I have gradually destroyed the heresy that came with The Boleyns, its lineage and all their allies, England is once again one with God and the Holy Father. I have fulfilled a sacred duty, and yet, I am not loved. The whole kingdom murmurs, people call me “Bloody Mary”, they fear me and they hate me, they do not dare to tell me on my face what they shout behind my back. I am the Queen, Mary First of England, regent without doubt, and I am not loved. They talk about me on the sly. They whisper about how the queen grows old and the cry of the heir to the throne of England is not yet heard. They torture me, the worst thing is that their words are true, it is a truth that deeply hurts me! Am I cursed?, perhaps God punishes me by denying me what I have wanted most in the world. A son, a son to love, a son who cleans my soul from so many sorrows, from that past that poisons me so much. A son would give me the peace I lost many years ago, would give me back the joy of living, even the lost youth. A son who would be my greatest legacy, a son who would continue with what I have already begun. A son, a blessing, a creature I will love and give everything, regardless of gender, for I would never commit the cruel error of my father, to reject a daughter for the will of a male heir, I would never commit that cruelty with who would be blood of my blood, flesh of my flesh.

But I am empty, and I refuse to believe that there is no chance, I already had that sweet sensation inside me once, and it was as if some curse had made it disappear. God knows how much I longed for a child, how I felt that life itself flourished in my womb, it was not deception, I knew it was inside me. But by divine will or dark evil, could not be, I lost that little being that love created inside my heart without physical pain, why so cruel mockery of This destiny of mine that insists on condemning me to solitude?

Damn destiny! Destiny that changed my life in my childhood when allowed Anne Boleyn to discharge her poison in my life, snatching everything, my father, my mother, my rank and everything I loved. Cruel destiny that put me before stepmothers who did little for me, for fear of infuriating the tyrant of my father, whom I sometimes forgive, and whom I sometimes hate with all my heart, whenever I think of the tears of my beloved mother , And in mine, As I suffered in those days, far from who gave me life and everything that sweetly surrounded me, the protection that the rank of princess granted me, as I remember the terror of thinking that the next day I would see Before me the sentence of my death, by the hand of that bitch of Boleyn, who made me a bastard under the spell that made her reign over my mother’s misfortune. And that is why I can not love my sister as God’s law commands, not only because she is the fruit of the union that separated me from everything that was once entirely mine. Also because I always felt less Than her, that is a fact I can not deny.

She has a beauty that overshadows the one I once had, she inherited the best of her mother, Elizabeth has that enchanting charm that attracts the masses, she bewitches them with just a smile, that is why she should not be my successor, no I can not allow it! Elizabeth will be what her mother once was, a heretic queen, she will remove this kingdom from obedience to the Holy Father, from the sweet consolation of the Mother of Christ, she will reinstall the evil that I have eradicated and I can not allow it! And even with all that I already know, I can not hate her, I can not kill her, her blood is also my blood, I admit that I remember with affection the moments we spent together when loneliness and contempt were our only company. But as I now believe in her words of affection, I am also sure that her heart yearns to have on her head the crown that I possess, I am certain that her soul is as ambitious as that of her maternal race, she in the bones is also a Boleyn . Elizabeth, my sister and my rival, my ruin, and at the same time the salvation of this kingdom.

Elizabeth, so young, yet I have been so consumed with such pains that the years can be considered innocent, in the face of the deterioration so evident in my appearance. Isabel, I envy her and I fear her, I love her, the sorrows unite us and separate us from so many things. I wonder, how she has overcome the martyrdoms of her solitude, how she has managed to keep herself fresh and beautiful despite the fears that torture her, why she has blessed her life with splendid beauty despite her sorrows, and I am in decay? I have no answers that comfort me, that makes me understand and conform, We both were denigrated, called bastards and we both lost all we loved and cared for, and yet, I was the most devastated by bitterness.

Far away are those memories that sweetly comforted me, everything changed from the days when my parents showed their love openly, many times I saw them kissing, breaking protocols to give themselves smiles, my father the King, who ran to receive me in his Arms and called me “The Pearl of his World”. And my mother, the beautiful Queen Catherine of Aragon, who tenderly guided my steps, who fervently cured my fevers and sang me nanas at dawn when the nightmares terrified me. God knows how much I miss her sweet voice, her advice, and those scoldings, which inspired admiration and respect, never fear. My parents were Kings, but I never saw them that way, they were my parents, and with them I was happy. That is why I always promised my mother that on the day that I was Queen of England, I would honor my Caste of Castile and Aragon, I would lead the Tudor Rose to mark forever the Crown. But Anne Boleyn took everything from me, and it does not matter if they say that my father had a thousand lovers, and a bastard whom he put above me, even with all that I was the light of his eyes, I know. It was her and the arrival of Elizabeth, who sealed my destiny, and everything I was, everything I loved, was never mine anymore, and that promise that I made to my mother a thousand times, is now tottering, Is in danger of perishing without actually being fulfilled.

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Elizabeth, I feel that sadly in a while I will not have much strength to face you, sometimes I want to forget everything, and to have you with me, to see you as the sister I always loved at my side, but I can not, either out of envy, out of fear, out of contempt Or pride, I must keep you away. I know that the eyes of my husband the King have delighted in your charms, the same ones you inherited from your mother, well, you are wedge of her own tree. It hurts and makes me angry! But deep down I would like to be like you. I see you so full of life, while I consume like a flame in the midst of the storm, you smile sweetly, and I can not, you are delicate, as I was in my happy years, you are certainly the daughter of our father, Daughter of the lion, just like me, but stronger, you have survived your sorrows without waning, and that is why, although I admit it, I feel that in this kingdom there will be no queen more loved and remembered than you. For I can no longer postpone the inevitable, my strength is not the same, and I feel that what I carry in my womb, is not the sweet touch of a child, although I want it with all my strength, every day that passes I realize That what grows within me absorbs my life, it feeds on me in a poisonous way, but not with the sweetness with which a creature of God does it within the womb. I pray God that I am wrong, but if these doubts become true, I will have to inherit all to Elizabeth, pass my crown on her head, and when I leave this world I will see once again the wicked smile of her mother, rejoicing in the triumph of her daughter over me .

Black tears I cried, tears that contain anger, rancor, loneliness, bitterness and fear. Black tears that I began to spill from the day they separated me from my mother, from the moment the King my father cast me into the shadows to bring to light his mistress in all her splendor, while his true queen , Was consumed in the shame and the pain of his abandonment. Black tears I shed when I was degraded to a servant, following in the footsteps of my newborn sister and lowering my head to those who always had to bow before me. Black tears I cried without consolation, alone, with the only support of my happy memories, of that childhood that was cut so early. I always heard of my ladies saying that the tears of a princess must always be of joy, for the soul of a princess must always shine with happiness, like the gold with which her crown was wrought at birth. It is easy to forge beautiful words to swell a princess when glory favors her, but when she falls in disgrace, no one forges words of equal beauty to comfort, and make those black tears, so full of agony, cease to spring.

Black tears have dried my soul, they have taken away the youth of my face, washed with coldness my joy of living, and I will never again be that young woman of great pride, with a warm presence that pleased everyone. Black tears, I cried when seeing my reflection in the eyes of my father the king, I no longer saw the love of a father, but the rigidity of the tyrant who only sought my obedience and absolute complacency, in his cold gaze I could see my own Fear, for I realized that if I held firm in my convictions, it was clear that he would not touch his heart to order my death. From that moment my soul wilted, and so my dreams and illusions alike were perishing. Time passed and for me there was no hope, only the death of my brother gave back to me what must have always been mine in the first place, The Throne of England.

The sweet victory of my arrival to the throne was warm, I had so much to do, for the first time I felt safe, rewarded by so many years of rejection and bitterness. But it did no good, because loneliness does not abandon me, nor does bad luck. In the nights, black tears continue to come, they fall on my face as cold as the hardest winter, because there is no joy despite my achievements, there is no love despite my desire, no, there is no love, for I do not see it in the Eyes of the man I love, in whom I had put all my hopes of happiness. He looks at me with contempt, and sometimes I think that even with disgust, and I do not blame him, I’m not beautiful anymore, at least not as I once was, but I love him, is not that enough? No, I do not think so, so much so that my mother loved my father, and yet she was abandoned. Why, why is it that for a queen it is so difficult to be loved for what she is, for who she is, is it that the queens of England are forbidden the pleasure of loving and being reciprocated with the same freedom and purity as that divine feeling Professes.

Cruel destiny of mine that only made black tears come out of my eyes. So brief was happiness in my life, and so long my grief. Shall my race be cursed, because of past sins, is this the price to pay? God knows that my actions were done in order to bring England back to the light, to the only true Faith. I do not regret anything, because I did it by acting with my conscience, I did what I swore in silence, for my mother and myself. But maybe it’s my refusal to forgive, which is really poisoning me inside. That may be the root of all my evils, for God himself has commanded in His word to forgive even our strongest enemies. Well, taking into account that within me, I feel a new ardor of life, I raise a prayer to heaven, I open my heart to forgiveness, for if it is the price to pay for a hope of happiness, to be loved by my people as His queen, I am ready to swallow my pride, and give the forgiveness to those who have done the most harm in my life.

On my knees, I beg God and the sweet Virgin Mary to listen to my prayer, it is my desire, to leave my hatred behind, to develop the strength I need to swallow my pride, and to forgive my father, that woman, Anne Boleyn, Who with her lust and ambition destroyed my life, I ask for the soul of both, so that they may receive forgiveness. I forgive you, my father, for giving me the cruel whip of your rejection after so many years of veneration and love, you can never imagine the Pain that you made me suffer, and if your soul is finally in heaven, I do not know, I still feel very hurt to yearn for it to be so, although my heart forgives you, in my memory are still burning the memories of those dark days, that marked so much my existence. And she, Anne Boleyn, I hope that God has forgiven all the evil she caused, both me and so many good men who served the King with fervor and loyalty. My confessor once told me that with the loss of her head she had already paid for all her evil action, perhaps it is the truth, and it is time to forget and stop thinking about her with so much hatred. I also ask for the soul of my mother, whom I never forget, who lives in my heart and in my memories, who is at peace and help me from heaven to find my own. And above all, I ask that what I feel beating within me, may be the hope of this kingdom, and my redemption, my reward for so many years of fear and suffering. I hope that I am wrong in my bad thoughts, that is life and not misfortune or disease what I feel growing, that he is an heir, I think I deserve that blessing, right?

Deus, animam meam: dimittite me ut plangeret prohibere nigrum lacrimis. In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti, Amen

“Melancolía”, by Mercy Alicea Rivera

March 5, 2015 in Hall of Crowns (Mercy Rivera), Historical Fiction, Queens of World History, Spanish Language Diary Entries by Mercy Rivera

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Cuando miro por esta ventana, la única fuente de luz dentro de esta habitación fría, adornada con lujos que solo me recuerdan que vivo en una jaula de oro, donde todo se me ofrece sin esfuerzo, donde solo soy un objeto, un simbolo de poder que en realidad no poseo, porque para mi Rey ya no soy nada, ya mi palabra no cuenta para él, ni siquiera mi presencia, es cuando me doy cuenta que la vida de una doncella sin nobleza es mucho más feliz que la de una reina. Como quisera ser ahora una mujer como ellas, al verlas pasear del brazo del hombre que aman, buscando un lugar para compartir un beso, una caricia. Es evidente que la vida para ellos no es fácil, pero en cuanto al amor son más que afortunados. Veo mujeres de mi edad que lucen mejor que yo, la juventud sigue presente en ellas aún cuando el trabajo es duro, la comida escasa y el descanso leve. Seguramente al llegar a casa encuentran la compañía de un esposo fiel, hijos que la abracen, el calor de un hogar, un verdadero hogar.

Porque este bello palacio no es un hogar… este lugar es un nido de serpientes que se entrelazan en el oro, el poder y la ambición. Es una cueva donde seres sin compasión complacen a un rey que solo busca ver sus caprichos satisfechos y su gloria exaltada. Porque en este palacio tengo que pasearme todos los días fingiendo una sonrisa, saludando embajadores, cortesanos, miembros del consejo a quienes poco les importa mi suerte, mi buenaventura o mi desgracia. Hipócritas que se inclinan ante mí para luego ofenderme con sus actos siniestros en mi contra. Este es el refugio de las rameras que ocupan mi lugar en la cama del rey, y luego me siguen a todas partes, me atienden, me llaman Majestad y Señora, horas después de haberse revolcado con mi esposo. Y todo lo tengo que soportar, porque soy la Reina, quien gobierna junto al Rey que me martiriza sin levantarme la mano, o sin una palabra ofensiva. Son sus actos tras las sombras de estas paredes  los que poco a poco están consumiéndome de la manera más amarga. La dureza de su rechazo se está llevando poco a poco lo mejor de mí, aún cuando mis años no son viejos, mi piel muestra líneas secas, de tiempo natural adelantado a mi edad; duele ver como la soledad, el abandono, la falta de amor y el miedo pueden acabar con una mujer que solo ha vivido para amar, honrar y obedecer.

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Lejos están los recuerdos de cuando alguna vez fui feliz en mi hermosa Andalucía, en aquellas Calles de Aragón donde el amor hacia mí y hacia mi familia era tan palpable como aquello se puede sosterner entre las manos. Lejos están aquellas ilusiones de niña cuando la promesa del amor y la gloria de un príncipe me esperaban en tierras lejanas, muerto está mi noble caballero, mi promesa de Rey, aquel que con su mirada prometía fidelidad legítima, que sin conocerme me hablaba de un futuro hermoso, me decía que algún día su reino y el mío serían uno solo. Su muerte se llevó esa oportunidad, a pesar de que nos bendecía la juventud, la enfermedad lo arrancó de mi lado, sin darme la dicha de conocer ese amor tierno que en sus ojos brillaba, se fue y me dejó vacía, en un limbo que me negaba a comprender, pero que estaba allí. Tras su muerte fui descartada, mi destino incierto, en silencio me preguntaba que sería que mí; era como si la muerte de Arturo se hubiera convertido en mi deshonra, aún cuando entre nosotros… jamás hubo esa intimidad de la que tanto me hablaron, con la que con temor soñaba a pesar de que todavía no le conocía. El tiempo pasaba, yo seguía perdida entre dos reinos. Hasta que la luz tocó de nuevo a mis puertas, y se me dijo que el hermano de mi difunto esposo, el joven Enrique, sería mi prometido, mi futuro.

Y yo creí que mi vida comenzaba. Cuando lo conocí…. supe sinceramente lo que era sentir amor verdadero, sentir ese ardor en el corazón, ese vacío en las entrañas, que es tan dulce y tan profundo. Lo miré a los ojos y no me sentí una desconocida, como me ocurrió cuando ví a Arturo por primera vez, a Arturo lo sentía yo como a un amigo al que me veía obligada a ver como hombre… con Enrique, todo era diferente, y esta vez yo estaba dispuesta a dar todo por ganarme su amor, por hacerlo feliz e unirme a esa dicha con él. Aún en tardes calmadas como ésta, cuando no hay mucho revuelo en la corte y puedo pasearme sin tantos ojos observándome, puedo recordar aquellos días donde yo era el centro de la vida de Enrique, cuando nos paseábamos por los jardines de este palacio tomados de la mano, ante la mirada fría de su padre y del Cardenal, que creo que siempre ha sentido antipatía por mí; nada de eso importaba, porque yo tenía su presencia, su penetrante mirada sobre mí y la seguridad de que me amaba, tanto como yo lo amaba a él.

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Dios, como extraño aquellos tiempos! Como me duele no tenerlos más! Nunca falté a mi palabra cuando dije que era doncella… Fue Enrique y no Arturo quien hizo de mí una mujer completa, eso lo sé… Con Arturo no hubo nada, nada comparado a lo que viví con Enrique en nuestra noche de bodas. Enrique fue mi primer hombre, y será el último, pues juré ser suya para siempre y así será hasta el día de mi muerte. Como recuerdo aquellas noches entre sus brazos, la pasión de Enrique no se puede describir con palabras, tal vez es por eso que no hay mujer que pueda resistirse a él. Es solo por eso que mi desprecio por ellas no llega tan lejos… porque comprendo lo poderosa que es esa parte suya, que se atreve a repartir aún a costa de mi sufrimiento. Largas eran las noches de amor a su lado, dulces los momentos juntos, abrumadora la llama de su habilidad para amar. Tanto amor dejó frutos es nuestros primeros años, incluso un hermoso príncipe que tenía sus ojos. Pero el destino no les permitió vivir lo suficiente para mantener vivo el amor de su padre por mí. Dios en su infinito misterio decidió arrebatar a esos niños de mi lado cuando apenas habían logrado aliento de vida, y con la pena de esas muertes… el amor de Enrique por mí dejó de ser el mismo. Fue entonces cuando aparecieron las amantes…todas llenando algo en la vida de Enrique… esas mujeres que se llamaban mis damas, mis servidoras, despertaron en el una pasión atroz que apagaba la pena de la muerte de nuestros hijos. Con cuanto dolor me tragué los celos! Tuve que sacar fuerzas de donde no tenía para no enfrentarlo, para no gritarle a los cuatro vientos la rabia que me consumía gracias a su engaño! ¿Acaso no era yo joven aún, acaso no era yo capaz de darle más hijos, acaso no era yo como ellas en nuestra intimidad?

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Pero yo siempre fui fiel, siempre su esposa amante, su reina intachable, incapaz de una palabra hostil hacia mi señor. Y en las noches, sabiendo yo que tal vez venía de dormir en otras sábanas, yo le recibía en mi lecho, aceptaba sus caricias, sus besos y su amor, y fue entonces que fue concebida… la más grande de mis alegrías. Pues nació María… una niña que a sus ojos debió ser varón, pero ante los míos ella era la señal de que había esperanza, que su llegada solo anunciaba la bendición de que mas hijos vendrían. María, María… dulce princesa mía; hija de mi corazón. El bálsamo que calmó por mucho tiempo la voracidad del rey por camas ajenas, y lo devolvió a mi lado, su ternura hacia mi regresó; los tres éramos como uno solo, y yo volví a ser feliz, una reina sonriente y complaciente, una madre dichosa y orgullosa, una esposa amante y dedicada. Más tan cierto como que nada es para siempre… poco me duró la dicha, pues tras el nacimiento de María, solo más muerte llegó con cada nueva maternidad que me tocaba… sangre muerta y silencio llenaron mi vida, y con el último parto…murieron mis esperanzas de dar un príncipe al hombre que tanto amo.

La luz de la alegría se fue apagando, solo María me mantenía fuerte… con deseos de seguir. Su presencia me hacía olvidar que mi vientre ya estaba seco y maltrecho. Pero en mis horas de soledad, el eco de los rumores de amantes me atormentaba, más la culpa de saber que no podría nunca complacer a mi rey… me hacía hacerme de la vista larga…pues si el me perdonó mi falta, yo debía hacer lo mismo con las suyas. Siempre pensé que me seguía amando de alguna manera, en ocasiones visitaba mi lecho… aunque fuera solo para dormir a mi lado, además, aunque tuviera amantes, yo siempre seguía siendo su reina. Me consultaba cosas, hablábamos como marido y mujer, nada era como antes, pero yo era su reina, y ninguna otra opacaba mi lugar junto a él.

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Pero ahora… ahora llega ella, ella que no es como cualquier otra mujer de esta corte. Ella que es fuerte, hermosa, brillante como la luz del sol, con la misma vitalidad que yo tuve hace años y con la suficiente sabiduría y coraje para arrancar de mi lado al hombre que más amo, y con él, mi corona. Esa corona que ahora me duele como si estuviera hecha de espinas… porque llevarla ahora no me mantiene segura como reina, mi corona ya no tiene poder, pues ella con su oscuridad lo está matando. Ana Bolena, al igual que su hermana capturó el interés de Enrique… solo que Ana es más inteligente. Cuando la observo en la corte, siento que mi sangre se congela. Es audaz, tiene talento para ser admirada, y juega con el deseo de Enrique con extraordinaria perfección. Sabe como volverlo loco sin dejar que siquiera la toque. Me da rabia verlos bailar en mi presencia, y presenciar como se devoran el uno al otro con la mirada. La maldigo en silencio y al mismo tiempo la envidio, porque quisiera tener lo que ella tiene, desearía absorber su encanto y su juventud para recuperar a mi rey… tenerlo como antes, así… como ella lo tiene ahora.

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Y es impresionante luego verla ante mí, sirviéndome y atendiéndome como la más sumisa de las doncellas. Apenas me mira a los ojos, y cuando lo hace demuestra un respeto limpio, tan profundo que aveces hasta le creo. Ana Bolena, su alma debe ser tan oscura como el color de su mirada, ella es como el cuervo nocturno que espera en la puerta de los miserables, para observar… y luego satisfacerse de sus agonías. Pero cuando la miro, no puedo evitar en cierto modo pensar…que tal vez al igual que yo, no es culpable de sentir lo que siente, o que como a mí… la han visto como la clave para el poder absoluto, aún si eso significa destruir. Es increíble su maestría para mostrarme respeto, y luego a escondidas verse con mi rey. Su presencia me hace imaginar sus encuentros… me parece verlos besándose por los rincones, haciéndose promesas a mis espaldas, planeando como se desharán de mí para poder estar juntos. ¡Como se han de burlar de mí, de seguro dicen cosas humillantes, se ríen de mis faltas e incapacidades! Siento rabia al saber que ella posee lo que yo ya perdí, y que poco a poco está matando el poco amor que Enrique sentía por mí.

Su presencia me desespera, pero echarla de mi lado significaría incrementar el rechazo de Enrique hacia mí. Ana Bolena no necesita restregarme con palabras lo que sucede entre ella y el rey, su forma de ir por la corte lo dice todo… esas bellas joyas que luce todos los días, la osadía de vestir a la Francesa cuando mi orden es contraria. Yo soy la reina, pero ahora es Ana quien manda en esta casa… más bien… en este lugar… porque este palacio dejó de ser mi casa hace mucho tiempo. Y le pregunto a Dios con fervor: ¿Por qué permites que el sol brille para ella, mientras que sobre mí solo llueven amarguras? ¿Por qué permites que ella entre en su corazón, y lo alejas de mí? ¿Que hice para merecer esta tortura? Todos saben, que hice todo por darle al rey un hijo varón, jamás le negué mi cuerpo aunque estuviera yo sufriendo la peor de las fiebres o la tristeza más profunda, porque al igual que él yo anhelaba esa bendición. Aún no tengo respuesta, y el tiempo se acaba. Años van y vienen, poco a poco Ana gana terreno, Enrique me humilla y a ella la adorna de felicidad, mi Fe es fuerte, pero mis fuerzas disminuyen.

He sido traicionada tantas veces por las mujeres que se han hecho llamar mis damas. La que le dio un hijo que ahora está por encima de mi hija en rango y quizás hasta también en amor, pasó de largo… solo se quedó como la madre de su hijo y nada más. Me sentí humillada pero igual me mantuve fuerte… porque él no me cambió por ella. Pero Ana… ella es distinta, Enrique la ama, la desea, sabe que su juventud es señal de una maternidad sana, ve en ella la esperanza de un príncipe y no le importa acabar con todo lo bueno y sagrado en este reino, con tal de sentarla a su lado como reina, enterrándome a mí en el camino… como si yo hubiera sido un error en su vida, un mal paso, un estorbo. Quienes están cerca del rey la favorecen… incrementan el deseo del rey de desterrarme, han cambiado su mente, su corazón… lo han hecho pecar de la manera más abominable. El Rey ya no tiene amor por su pueblo, por las Sagradas tradiciones, ni siquiera por la Ley de Dios. En su vida… Ana es la ley, y yo soy la plaga que hay que curar para que ella pueda brillar en plena libertad. El tiempo pasa… este lugar es cada vez más frío, no quiero dejar mi habitación, me aturden los suspiros de quienes me tienen lástimas, me hieren las voces de quienes se alegran de mi desdicha, ya ni siquiera puedo ver a mi hija, mi hermosa María, ya no hay consuelo desde que me me arrebataron la luz de su mirada. Me duele saber que mientras yo me consumo aquí, ella es feliz con mi Rey. ¿Por qué Enrique? Cuando miro a mi alrededor, veo menos doncellas… seguramente han decidido servirla a ella, están hartas de mi tristeza y no están dispuestas a consolarme. ¿Es esta vida la que Ana Bolena desea con tanto fervor que no se ha detenido a pensar que algún día, al igual que yo, puede verse bajo las mismas circumstancias? Se que ella le ha prometido un hijo, tiene que haberlo hecho ya, ella sabe que es lo que el Rey más desea. Que ruegue de rodillas por un hijo… porque de lo contrario, si no lo logra… quizás su destino termine siendo más negro que el mío. Más no tengo interés en advertirle. Enrique está moviendo el mundo por ella… si ella lo hace infeliz, será con ella mucho más cruel que conmigo, estoy segura. ¿Pero Dios, por qué dudo de su victoria? Si ella ha logrado ya hundirme en la más dura soledad.

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Apenas duermo, este nuevo amanecer que ven mis ojos es sombrío, siento que voy a recibir la última estocada. De pronto escucho pasos, luego la voz de una de mis damas anunciando la llegada del Secretario del Rey, al verlo me doy cuenta de que yo estaba en lo cierto. Trae en sus manos lo que parece ser un decreto real. Cuando lo lee en voz alta, entiendo que es el final. El Rey me ordena abandonar mi casa, mi vida, mis recuerdos, mi amor por él. Me ordena salir del lugar que fue testigo de tanto amor, de tanta felicidad, de tanta gloria. Me envía a un lugar apartado de su nueva vida con una mujer que nunca podrá amarlo con la misma fuerza con la que yo lo amé, con la que lo sigo amando todavía a pesar de su crueldad hacia mí. Pero cuando me uní a él juré honrarlo y obedecerlo siempre, y eso es lo que haré.

Todo está listo para mi partida…solo mi dama más leal, a quien considero una amiga más que una sirvienta, ha decidido seguirme. Mi querida María de Salinas, como vas a sufrir cuando te diga que no se te permitirá acompañarme, pues temen que me ayudes a conjurar una venganza contra el Rey. Eso piensan de mí, me temen aún cuando saben que mi sobrino jamás intervendrá en mi nombre… ciega he sido todo este tiempo. Si ha sido capaz de mantener a mi hermana su madre en las sombras como si ella nunca hubiera sido reina, si rompió su compromiso con mi hija… ¿Acaso puedo esperar apoyo de su parte? Después de todo, de nada me sirve ahora. Enrique ha dictado su palabra y contra eso ya nada se puede hacer. Adiós digo al lugar que una vez contempló mi felicidad, y que ahora me despide en denigrante humillación. Todo es silencio, el aire es denso, me siento perdida; solo esperan por mí tres sirvientas, no son damas de nobleza, pero al menos se inclinan ante mí, me reconocen como su reina, y por eso siempre le estaré agradecida.

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Se que no habrá regreso, el corazón me lo grita. Ella ha ganado, venció todos los obstáculos que me hacían fuerte e invencible. Pudo contra todo y contra todos. Aunque me duela, aunque me sienta la más miserable al admitirlo, se que ella va a reinar en este lugar. Compatirá su cama, le dará los príncipes que yo no pude darle, borrará mi existencia de este lugar y me convertirá en un triste recuerdo. Cuando me pregunto como pudo sucederme esto, ¿que fue lo que hice para merecer esto? Surgen miles de respuestas, y todas me hacen culpable. El amor no tiene lugar en los reinos de la tierra; el poder, el deseo, la ambición y la lujuria le han suplantado. Si la reina no complace al rey, esta esta condenada a ser aplastada por su ira. Y lo mismo le sucederá a ella si se atreve a faltar a sus promesas.

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Adiós a este lugar, a mis recuerdos, se que me voy para no volver…ya no vale la pena luchar por lo que de sobra se está perdido. Solo me queda Dios, y la esperanza de que algún día el corazón de Enrique recuerde el inmenso amor que nos juramos, que no olvide que tenemos una hija, una hija que es todo lo que este reino merece como soberana, una vez él ya no esté sentado en el trono. Dejo atrás mi corazón, mi esencia, mi existencia… todo lo que fuí quedará marcado para siempre en estas tierras, en las paredes de este palacio. Adiós a mi reino, adiós a mi señor y amado esposo. Me voy en paz, cargando mi cruz pero con mi alma limpia…pues yo soy la reina, la reina aunque ella se pasee con mi corona. Yo soy la reina, aún en la despedida,… y lo seguiré siendo, hasta el final de mis días.

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Los Recuerdos de Mi Locura ( Juana De Castilla), por Mercy Alicea

December 19, 2013 in Hall of Crowns (Mercy Rivera), Historical Fiction, Spanish Language Diary Entries by Mercy Rivera

Convento De Santa Clara En Tordesillas, Castilla.

10 de Mayo de 1554

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En la habitación principal, sentada junto al ventanal se encuentra su Majestad Juana de Castilla; inmersa en una meditación fría y que parece no tener fin.  Ni los rezos de las monjas, ni las atenciones de los médicos, ni siquiera la compañía de su hija menor, Catalina de Austria parecen tener sentido para ella.

Poco a poco, quienes rodean a Juana comienzan a rendirse… es evidente el deterioro de su salud; solo su hija parece seguir teniendo la esperanza de que su madre recupere el brío que su casta de Reina demanda.  Pero su esperanza como siempre, se desvanece cada atardecer; cuando debe retirarse, para que su madre descanse, si es que al constante letargo en el que vive se le puede llamar descanso.

Pero es cuando llega la noche, que Juana regresa a la realidad; en la soledad de las horas nocturnas es cuando ella revive los momentos mas hermosos de su vida; como siempre, y a escondidas de los ojos que la vigilan; ella se pasea por su enorme habitación, y en cada paso… se cuenta a si misma su historia….

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Cuando dije adiós en aquel puerto… sabia que ese adiós seria para siempre.   Se me acabaron los juegos de niña; ya no seria más la hija de los Reyes de España; no más días de no hacer nada; ahora me tocaría ser esposa; y trabajar para los intereses de mi Patria.

Mi juventud… mis ilusiones, y aún mis miedos me ayudaban a caminar aquel día… cuando fui presentada al hombre… que me arrancó el aliento con solo mirarme.

Felipe… oh Felipe… mi gran amor y mi perdición.  Yo, que naci para ser reina, que dentro de mí siempre existió la fuerza para imponer mi voluntad y ser el orgullo de mi linaje… era menos que nada cuando estaba contigo.  Entre tus brazos moría mi voluntad… me hacía pequeña; débil, y en mi corazón existía un terror constante de solo pensar que tus ojos pudieran contemplar a otra, que tu deseo se encendiera por otro cuerpo; te quería solo para mi, que fueras mi rey y mi hombre hasta la muerte.

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Fue contigo que aprendí a ser mujer en cuerpo y alma; me acostumbré a tu pasión salvaje; a tu continua necesidad de tenerme, de dominarme.  Yo hacia todo lo que te complacía… hubiera renunciado hasta a la vida misma por tu amor.

Pero eso no es lo que se espera de una reina; por eso me llamaban loca, loca porque vivía enamorada de mi rey, y me asustaba la idea de perderlo como hombre.  Loca porque los celos no me dejaban vivir… loca porque la verdad siempre estuvo ante mis ojos… y nunca la quise ver.  Porque no hay verdad mas clara, los hombre no saben amar… y mucho menos cuando llevan una corona en la frente.  El era igual que mi padre… codiciando el poder a mis espaldas… queriendo robarme todo; se olvidaron de quien era… no les importó lo que yo sentía; vivían conspirando contra mía día y noche… y todos me llamaban loca.  Cuando abría la boca para mostrarles a todos la maldad que me rodeaba… me acusaban, me ridiculizaban; cuando lloraba desesperada porque el dolor de la traición me consumía… me miraban como si la razón ya no fuera parte de mí.

¿Cómo pudiste dejar de amarme Felipe?  ¿Es que acaso alguna vez me amaste con la intensidad que yo lo hice?  Te lo di todo, mi cuerpo, mi alma, mi corazón, mi vientre te produjo hijos hermosos que eran el orgullo de este reino.  Si, es increíble cuando lo pienso pero… también tu semilla hizo estragos en mi; porque hasta mi propio hijo… Carlos V; Emperador; Rey, Archiduque de Austria… mi hijo, tu semilla más fuerte… me encerró en este convento donde todos me tratan como a una enferma y no como la Reina que soy.  Se avergüenza de su madre;  se que solo me nombra cuando le conviene recordarle al mundo quienes fueron sus padres; sobre todo en Aragón, donde el nombre de mi pobre hermana Catalina sigue siendo respetado y venerado como la santa que siempre fue.

Catalina… mi dulce Catalina… Hermana querida.  Cuando nos separaron eras aun una criatura, una niña que ni idea tenía de cual sería su destino.  Cuando nos despedimos en aquel puerto… mi único deseo siempre fue que fueras feliz… después de ese día… solo logré verte una vez más y si… parecías feliz con tu rey; pero eso tampoco funcionó.  No se cual de las dos sufrió más…aunque después de todo… es lo mismo; el amor nos condenó a ser miserables; a vivir con dolor, con miedo, con humillaciones y tragándonos la rabia que nos consumía como una llama infernal.  Enrique y Felipe… son los nombres de nuestras condenas hermana; al menos la sentencia para ti fue más piadosa… la muerte puso freno a tu sufrimiento; mientras que yo sigo aquí; viviendo entre tinieblas y recuerdos, entre la cordura y la locura.  No fueron tan distintos nuestros destinos Catalina; en realidad… pienso que ser mujer y nacer en cuna de reyes… es tener la certeza de que la alegría siempre te dará la espalda. Porque quienes te rodean solo te adoran por lo que eres, no por quién eres en realidad; dan la vida por tener tus favores y tu aprecio; pero para nada les importa si lloras, si ríes, si sufres o si eres feliz.

En las fiestas te aplauden, te sonríen cuando bailas; en las victorias te llenan de elogios… pero cuando se dan cuenta de que eres humana, cuando notan esa primera lágrima, en un segundo te dan la espalda.  Catalina… yo se que siempre estás a mi alrededor… se que comprendes lo que digo.  Todos te dieron la espalda cuando Ana Bolena se convirtió en la favorita de Enrique; pocos fueron los fieles que se atrevieron a dar la vida por tu verdad…. Pero ella también pagó cara su osadía… la osadía de enamorarse tanto del hombre como del poder.

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Pero  en algo fuimos distintas hermana…tu temor por Ana Bolena no te hizo enfrentarla como debías…. Aún recuerdo como humillé a una de las zorras de mi marido; puedo saborear todavía el placer de verla llorar cuando hice girones su rojiza cabellera… esa que a Felipe tanto le gustaba.  ¡Debiste cortarle el rostro a esa mujer cuando tuviste la oportunidad hermana!  ¡Eras la reina amada de Inglaterra, nadie te hubiera juzgado y Enrique jamás la hubiera vuelto a mirar!

Les dimos todo a nuestros hombres Catalina… e igual nos hicieron a un lado.  Amé a Felipe más que a mi propio ser e igual se acostaba con cualquiera de mis damas… ¿Acaso tenía que portarme como una ramera en la intimidad para evitar que sus ojos miraran a otra mujer?  ¿De que sirve ser noble, delicada, tierna y romántica cuando los hombres se aburren  y quieren retozar en lugar de hacer el amor… con amor?

Pero ya nada de eso importa…aunque mi alma me siga gritando que soy la reina; aquí para todos soy Juana la loca y nada más.  La pobre Juana que enloqueció de amor… la reina que permitió que su desesperación le arrebatara el poder.   Lo que queda de mi… esta pobre masa que apenas puede cargar con el alma; alma que jamás podrá perdonarse el haber sido tan débil como mujer y tan poco prepotente como reina.  Debí ser fría, calculadora, ver solo por mi y por mis intereses, como toda reina inteligente debe hacer; pero no, el amor me cegó; amé tanto a mi rey que me habría dejado enterrar con él en ese sepulcro que puso fin a nuestro amor… porque me gusta seguir creyendo que realmente me amaba; que fui su mundo como él fue el mío; quiero seguir creyéndolo, si no esta locura que marca mi existencia se volverá cierta… y con eso todas las barbaridades que se cuentan sobre mí.

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He llorado tanto mi dolor y mi vergüenza que ya no me quedan lágrimas; ni siquiera eso me queda; solo un dolor a secas que no me deja en paz.  No se como se puede seguir viviendo con tanto vacío; con tanta soledad, con tantos deseos que ya no serán cumplidos; ¿Por qué no se muere la esperanza de una libertad completa, de recuperar lo que se perdió, de volver a ser quien uno fue?  ¿Por qué se sigue anhelando vivir cuando ya no queda nada? ¿Será el temor de que los recuerdos mueran; y que la tierra se lleve hasta la última traza de una vida entera?

Si tan solo la luz de esa hermosa luna me consumiera y pudiera desvanecerme de una buena vez; la vida para mi solo es una cadena de recuerdos; los revivo y siento que se me quema el corazón.  Ya ni tolero mirarme al espejo, ya no soy ni la sombra de la mujer que una vez fui. Estoy vieja, acabada, con la cabeza llena de recuerdos, y el corazón herido. 

Esta casta que me vino de cuna fue una maldición; haber nacido Infanta solo me puso como destino ser infeliz; pasaré a la historia como Juana la loca; serán pocos los que hablen bien de mi, y muchos los que lo harán con lástima. Pero yo si conozco mi historia… y esa verdad siempre la tendré conmigo, aún después de mi muerte.

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Yo Soy Quien Soy, Esta es Mi Realidad

August 29, 2013 in Hall of Crowns (Mercy Rivera), Historical Fiction, Spanish Language Diary Entries, Tudor Y Writer's Group by Mercy Rivera

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El corazón me dice que mi cuento de hadas esta próximo a concluir, y no precisamente con un final feliz.  Ante mis ojos tengo una nueva amenaza, un reflejo de la misma que la reina Catalina vio cuando me uní a sus damas de compañía por primera vez; es irónico,  como el destino te hace sentir el dolor que provocaste en otros.

Aquí, en este palacio, jugando a ser la reina feliz; como todos los días; me puedo dar cuenta de cómo me desprecian, de cómo me culpan por la tristeza del rey; murmuran que fallé igual que Catalina de Aragón, no pude darle a este reino el príncipe anhelado.

The Tudors Season 2 Episode 2 _ Tears of Blood{2_6} HD 023

Todo esto ha sido una fantasía desde el comienzo; pensé que el rey me amaría por siempre, sentía que era capaz de ganarme el amor de mis súbditos, que España, el reino más poderoso y próspero;  se rendiría a mis pies; pues no ha habido una mujer como yo, una mujer que se atrevió a controlar a un rey hasta el punto de romper sus lazos con la poderosa Roma, solo para estar conmigo.  Que tonta fui, con cada gloria obtenida no hice más que tejer mi propia desgracia.   Estoy mas vacía que nunca, mis enemigos me sonríen seguros de pronto verán mi caída, y es la verdad.  Sobre todo ellos, los que aún aman el recuerdo de Catalina y de la corrupta doctrina católica.

España siempre me ha visto como la Ramera de Babilonia, como la víbora que acabó con la vida de la Reina más querida, como la bruja que puso al Rey de Inglaterra en contra del Papa.  Pero ellos no me conocen, me juzgan sin saber la verdad.

Ser como soy ha sido la mayor de mis desventajas.  Desde niña, mi padre vio en mí la oportunidad de obtener beneficios en las altas jerarquías.  Tuve la mejor educación, libertad de conocimiento, aprendí a ser una verdadera dama de la corte Francesa, siempre observando, aprendiendo de los errores de mi querida hermana; ella siempre fue la lujuria, mientras que yo siempre me esforcé por ser solo un deseo para los hombres.  Esa táctica fue la que me trajo hasta aquí, la que puso una corona sobre mi cabeza y una sentencia de tragedia que puedo ver tan clara como el agua.

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¿Acaso piensan que no tengo sentimientos?  ¿Que no soy capaz de sentir culpa o remordimientos? ¿Qué no tengo la capacidad de sentir miedo, desesperación y debilidad?  No estoy hecha de piedra, estoy consciente de todo el daño que he causado, de toda la sangre que se derramó por mi causa, del dolor de todos aquellos a los que destruí solo para conseguir mi lugar junto al rey.   Pero fue demasiada presión sobre mis hombros.

Mi familia, me utilizó luego de que mi hermana falló en ser la preferida de Enrique; vieron en mi la esperanza en sus deseos de poder; y lo hice, pero lo que al principio fue para  mi una misión de honor y deber como hija; se convirtió en un sueño de amor; de amor verdadero.  Porque el juego se convirtió en algo mucho más valioso; me enamoré de Enrique con todas mis fuerzas; el ha sido el único hombre capaz de igualar la pasión que siempre llevé escondida dentro de mí.  Dios, como quisiera volver el tiempo atrás; tal vez si en aquellos primeros días hubiera aceptado ser su amante en vez de su reina, hubiera sido más feliz de lo que una vez fui; porque aunque se que como su amante lo hubiera perdido a la brevedad… al menos estaría en paz y con su recuerdo endulzando mis momentos de soledad.

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Ahora al verme al espejo puedo ver el reflejo del dolor de Catalina de Aragón; una mujer… que aunque por orgullo me duela admitir, siempre fue mejor que yo.  Valiente y determinada hasta el momento de su muerte; luchando contra mí aún cuando sabia que la batalla la tenía perdida.   Catalina amaba a Enrique, con la misma fuerza con la que  yo lo amé y lo sigo amando; a pesar de sus maltratos, de sus mentiras e infidelidades, lo sigo amando, al igual que ella.  Catalina… estoy sufriendo el mismo calvario que tu padeciste por mi culpa; estamos iguales, no vale la pena pedirte perdón, porque tu dolor es ahora el mío, Si Lady Jane logra destronarme como Reina, mi hija vivirá la misma pesadilla que ha vivido la tuya todo este tiempo.   Mi Elizabeth conocerá el dolor de su hermana, si es que Enrique decide cambiarme por Jane, como sucedió contigo por mi causa.

Jane es igual que yo, más sumisa, pero igual de ambiciosa que yo, puedo verlo en su mirada… y su familia, mil veces peor que la mía; con mejores tácticas, pero igual de codiciosa y soberbia.

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Yo no soy una mala mujer…no soy una hechicera; amo a Dios tanto como Catalina de Aragón le tuvo en vida, solo que en distinta manera.  He sido juzgada por ser distinta; por ser simplemente yo.  No me gusta ser sumisa, me gusta decir lo que siento, lo que me apasiona; Catalina fue una reina activa, y yo siempre quise ser así; nunca fue mi deseo llevar la corona como adorno, siempre quise ser una reina de verdad, ayudar a mi rey y ganarme el amor de mis súbditos.  He luchado por ello todo este tiempo, y aunque he tenido mis victorias, son mucho más mis derrotas.  La gente me desprecia, tengo demasiados enemigos, y mi rey apenas me habla.  No lo culpo… poco a poco he matado la magia que una vez nos unió; lo he enfrentado siempre, cara a cara, y eso es lo que él más detesta de mí; aunque extrañamente fue esta misma actitud mía la que en el inicio lo volvió loco por mí.

España me odia porque derroqué a la hija de reyes; una mujer con linaje poderoso, mientras que yo era una simple muchacha de la corte; ellos no tienen idea de cómo me sentía; cuando me vi forzada a hacer cosas que no quería; tuve que dejar mis sueños a un lado para conquistar el corazón de un rey que al principio no significó nada para mi, pero que luego se convirtió en el amor de mi vida.  Cuando luché contra Catalina no lo hice por la corona, lo hice como mujer enamorada, como una mujer que quería estar con su hombre, y no soportaba ser la otra.  Por supuesto, ¿Qué joven de la corte no sueña con ser reina algún día?

Cada vez que veo a Jane Seymour me veo a mi misma en el pasado, cuando yo estaba en su misma posición, llamando desesperadamente la atención del rey y deseando que la reina sucumbiera a cada instante; veo en ella el mismo deseo egoísta que me esta condenando ahora.   Dios comienza a hacer justicia a favor de Catalina, y comienza a darme una gran lección.

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Si mis enemigos pudieran darse cuenta de cuanto sufro tras esta máscara de reina feliz que llevo a diario; si supieran que conozco al fondo el mismo dolor que Catalina sufrió al perder a esos príncipes que jamás vieron la luz de la vida al abandonar nuestros vientres tan súbitamente.  Si solo imaginaran el miedo que se aferra a mi alma cada día, como me lastiman los desprecios del rey, su fría mirada y su actitud hostil.  Si se dieran cuenta de que lloro en silencio al darme cuenta de que Enrique comienza a desear a una mujer que no soy yo.

Catalina y yo no somos tan diferentes después de todo; es cierto que le robé al hombre que amaba, provoqué su miseria; pero al final las dos sufrimos el mismo abandono del hombre que tanto llegamos a amar.  Y si llego a caer en desgracia como tanto temo, mi hija al igual que su hermana; vivirá la triste vida de una bastarda, aun cuando su sangre es la de una princesa pura e indudable.  Solo quienes me aman y me comprenden de verdad pueden ver que sufro; y esos pocos también se han convertido en un motivo enorme de preocupación, porque al estar cerca de mi, al ser mis aliados y mis protectores, podrían convertirse en victimas de la ira del Rey si decide hacerme a un lado para estar con Jane.

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Jane… por su culpa perdí a mi hijo; a lo único que podía salvarme del rechazo del Rey.   Aún así, me veo obligada a tenerla entre mis damas, a ver por ella cuando en realidad la desprecio con toda mi alma.  Sin duda del mismo modo se sintió Catalina cuando se vio forzada a tenerme entre sus damas; la vida se empeña en hacerme sentir la agonía que ella vivió.  ¿Acaso mis enemigos no pueden tomar esto en cuenta al momento de juzgarme?

Además, no hay nada de que culparme después de todo; cuando yo llegué a la vida de Enrique su matrimonio con Catalina estaba en ruinas, él ya no la deseaba como mujer, ella lo amaba pero  él a ella ya no.   Yo no destruí nada porque entre ellos ya todo estaba roto.  ¿Acaso será este el mismo caso?  ¿Estará mi matrimonio en ruinas? De ser así entonces Jane es como yo… De solo pensarlo se me desgarra el alma.

Culpas y remordimientos… son ahora mis dos tormentos.  Ver a mis enemigos regocijarse en mi tristeza, me provoca mas rabia que miedo; pero al mismo tiempo me hace pensar, que mi destino final podría ser mas negro que el de Catalina; ella murió triste, pero en paz, en cambio yo… tengo el presentimiento de que en mi nombre muchos mas pueden morir… y que al final yo podría unirme a ellos de una manera terrible.    Elizabeth podría compartir el mismo cruel destino que su hermana María,  ir por la vida sin una madre, y rechazada por su padre.  ¿Serán mis pecados los que al final causen el dolor de mi hija?

Yo nunca deseé la muerte de Catalina, quería hacerla a un lado más nunca quise que muriera.  Mis enemigos hablan y ponen palabras en mi boca.  Es cierto que bajo ira y desesperación dije cosas horribles, pero nunca las dije con el corazón.  No soy una mala mujer… no soy perversa.  Muchas veces intenté tocar el corazón de mi hijastra María; pero ella me odia y jamás aceptó mis propuestas de paz y concordia.  Quise enmendar parte del daño que le hice a su madre, pero no me fue permitido.  Tal vez es como debió ser… María me odia y tiene razones de sobra; solo espero que en el futuro su amargura no afecte a mi hija, si es que el destino decide que yo no esté presente para protegerla.

Nada queda de la niña libre y mimada que una vez fui; ahora que todos ven que no soy más el tesoro más preciado del rey, mis seres queridos se mantienen lejos de mí; luchan sin descanso por mantener sus posiciones; adulan al rey, lo obedecen como perros fieles y no dudo que hasta me matarían si eso les asegura permanecer en la buena gracia de su majestad.  No confío en nadie, veo traición en cada rincón de este palacio; este hermoso lugar que ahora es más una prisión que un hogar para mí.   Soy un alma perdida, entre las sombras que mis acciones, más mujer y menos reina cada día… pensando en que la felicidad ya no es más parte de mi vida; y aún así, esta realidad mía no es suficiente para inspirar piedad y compasión entre aquellos que me odian.

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Todos me juzgan…sin conocerme realmente.  Creen que soy un monstruo, que escondo partes de mi misma porque en realidad soy una hechicera; ¡que tontos!  Yo me siento más cerca de Dios cada día; y ahora más que me siento tan triste y desamparada.  Tampoco soy una cualquiera como muchos dicen…. Es verdad; que alguna vez amé a otro hombre… nadie tiene porque hurgar en mi intimidad.  Cuando me entregué al rey lo hice porque lo amaba; ya sentía mi alma rugir por su amor; nunca permití que me tocara cuando no significaba nada para mí; lo hice por amor; y de eso siempre me sentiré orgullosa, sin importar lo que puedan pensar de mí.  Yo se quien soy, y no soy diferente a Catalina ni a ninguna otra mujer del reino.  Soy Cristiana, soy leal al rey mi esposo, amo a Inglaterra, Mi hija es el centro de mi mundo, aún cuando mi ser anhela tener un hijo varón.  No soy el cuervo negro que todos creen; si se detuvieran a pensar un poco en mí como Ana la mujer, y menos como Ana la Reina, no me juzgarían tan duramente.

Yo soy quien soy, esta es mi realidad; Soy Ana Bolena, una mujer que ha sido inmensamente feliz, pero también terriblemente desdichada.  Soy un ser humano; con muchas ambiciones, con sueños y con muchos temores… soy una mujer que ahora teme por su existencia, una reina sin gloria; un alma perdida.

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“A Lost Soul” Lyrics (English Translation)

I’m the one that always surrendered to love
who suffered for no reason
who preached without any blessing

I’m the one that pleaded for forgiveness humiliated
my lost faith left me a wound
the was no other choice, no redemption

my past is so unjust
my sentence is by my side
I’m the one to blame, I feel that now I…only I

Am a lost soul
in my hands ended your life
your memory burried your life completely
murderous voices screamed at me
proclaiming that now I am
a lost soul

I’m the one who hid the truth because of fear
who begged for mercy on her knees
who played to lose her freedom

today crucified because of my will
I ask God to be with me . to not give me his absence
I ask for mercy, I can handle it anymore

mi past is so unjust
my sentence is by my side
I’m the one to blame, I feel that now I…only I

Am a lost soul
in my hands ended ) your life
your memory burried your life completely
murderous voices screamed at me
proclaiming that now I am
a lost soul

oooohhhhhh…

Am a lost soul
in my hands ended your life
your memory burried your life completely
murderous voices screamed at me
proclaiming that now I am
a lost soul

lost…

Bienvenida Al Mundo María (Hampton Y Corte)

June 19, 2013 in Hall of Crowns (Mercy Rivera), Hampton Y Court, Historical Fiction, News, Spanish Language Diary Entries by Mercy Rivera

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El corazón de una madre esta siempre lleno del regocijo de poder traer vida al mundo; pero también, en muchas ocasiones, se sufre el dolor de ver las cenizas de lo que debió ser fruto vivo del vientre.

De nuevo me siento bendecida, vienen a mi los dolores que anuncian la llegada de un nuevo ser.  Una vez mas intento darle un príncipe a este reino; un príncipe que haga a mi rey feliz, y llene mi vida de alegría, de orgullo, de paz y realización.

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Pero tengo miedo, y si sucede lo mismo que las otras veces? De solo imaginar que tomaré entre mis brazos un cuerpo frio, se me quiebra el alma.  Aun recuerdo la primera vez… esa vez cuando di a luz a una hermosa niña; esa pequeña princesa mía que nació dormida…y nunca despertó; es un dolor que no se puede describir con palabras.  No hubo tiempo de bendecirla, ni siquiera de nombrarla.  En mi mente sigue vivo el rostro de Enrique, el dolor en su mirada era como sentir mil puñaladas en mi corazón; pero aun con eso, me apoyó, de dio todo su amor, y continuamos intentando.

Pérdidas continuaron en mi lecho materno; hasta que un día; fui bendecida con un hermoso príncipe.  Nació fuerte, su llanto daba señales de bravura, y tenía los ojos de su padre.  En cuanto pude ponerme de pie fui a la Capilla a besar los pies de La Santa Madre de Cristo; por fin había logrado mi propósito, mi sueño y el sueño de mi rey se había hecho realidad.  Recuerdo aun la alegría en todo el reino; me sentía tan amada, tan respetada y agradecida de la vida y de Dios.  España, mi amada tierra me enviaba sus palabras de bendición y respeto.  Pero la alegría de Enrique era mi mayor premio, cuando me miraba, la intensidad de su amor era plena, completa; era yo en esos días la mujer más feliz del mundo.

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Pero bien dicen… que la felicidad extrema es siempre efímera. Cincuenta días pasaron, y mi príncipe enfermó extrañamente; día y noche velé por él; no podía comer, no podía dormir, estuve junto a él como cualquier madre; olvidé mis protocolos como reina; solo era yo, Catalina la madre, que oraba sin descanso por la vida de su hijo. Cuatro días mas, y ya podía ver que mi pequeño ángel se estaba rindiendo; apenas lloraba, y comenzaba a ver con hastío la vida.  Lloraba desesperado cada vez que mis doctores le ponían las manos encima; ya no soportaba las medicinas; y yo ya no toleraba verlo sufrir.  Ordené que abandonaran mis aposentos; lo tomé en mis brazos, y lo arrullé por horas; quería de durmiera y recibiera la muerte en descanso y no en agonía; bendije su alma, le hablé de mi amor; le canté en la lengua de su padre, también en la mía.  Al amanecer del día cincuenta y seis… el príncipe de Inglaterra, dejó de existir.

Mi alma se llenó de luto;  mi rey estaba destrozado, y el reino en total silencio.  Todos comenzaron a verme con ojos inquisidores; ya sentían que era mi culpa;  para ellos no era suficiente mi dolor.  La Reina de Inglaterra había fallado, una vez más su promesa de un heredero quedó en el olvido… eran los murmullos a mis espaldas.

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Seguía perdiendo batallas; mis noches con el rey ya no eran noches de amor; cuando venía a mí lo hacía para cumplir sus obligaciones como Enrique el Rey, no como Enrique el esposo.  El amor está muriendo, lo se; ahora solo le ruego a Dios que este bebé nazca sano, que sea un varón fuerte y sagaz como su padre; que sea un niño capaz de devolverme el amor de su padre y de sanar todas las heridas que llevo dentro.

Mientras uso todas mis fuerzas para traer al mundo a este nuevo ser que aun se niega a abandonar mi vientre… rezo a la Santa Madre María por su bendición, a los Ángeles por la protección de mi bebé y a todos los Santos para que su vida perdure y reine después de su padre.  Miro a las comadronas y a mis damas; no veo preocupación en sus miradas; siento que todo va bien; ruego a Dios que todo el dolor que siento sea para bien, pido que yo absorba todo mal que este siguiendo a mi bebé; y le pido a Dios que de ser necesario, tome mi vida en lugar de la de mi criatura.

Un último esfuerzo…y escucho el llanto de mi hijo… Por Dios que sea varón… Pero al mirar el rostro de mis damas, de nuevo veo decepción.  ¿Es débil, esta muriendo? Fue lo primero que pregunté, pero mi respuesta fue un sonoro silencio.  Ordeno a mi fiel María de Salinas que me entregue a mi criatura, si había de morir, quería que lo hiciera en mis brazos como lo hizo su hermano.  María pone en mis brazos al bebé mas hermoso que han visto mis ojos… la observo, y entonces encuentro la razón para el desanimo de todos en la habitación. Mi bebé no estaba en peligro de muerte… es una niña, mas no el varón que el reino anhelaba. Sonrío entre lágrimas, en cierto modo yo también me siento desanimada, mi sueño se cumplió a medias… no es un varón, pero si es una niña hermosa y saludable… fuerte, llena de vida, puedo verlo en el brillo de sus ojos.  Doy la orden a todos de salir de mis aposentos; quiero estar a solas con mi hija.  Todos se van, y es cuando me siento libre para ser una madre normal.

Bienvenida al mundo María; si, María… en honor a la Santa Madre, a la que tanto rogué por la bendición de tenerte.  Mi hermosa princesa, se que tu padre ha de amarte mucho, así como te amo yo.  Tienes que vivir María, por favor no me abandones como lo hicieron tus hermanos que ahora son ángeles en el cielo. Vive… vive para llenar mi alma de luz, para que puedas cumplir con tu destino; porque eres muy especial, naciste para ser reina, y se que reina serás. Mi cielo, mi hermosa María.

De pronto la puerta se abre, veo a su majestad entrar… su caminar es lento, su mirada vacía. No hay regocijo en su semblante; se que esta decepcionado, pero no imaginé ver en él tanta tristeza.

“No desesperes mi señor; we are young still, and by God’s blessing, boys will follow”.

Enrique solo me da una breve sonrisa, me hace una reverencia, y sale de la habitación con la misma melancolía con la que entró.  A solas de nuevo con mi hermosa María, me doy cuenta de que mi matrimonio se tambalea; no debería sentirse así, es una niña hermosa, fuerte y llena de vida, se que va a prosperar… es una clara señal de que nada está perdido, soy capaz de darle hijos sanos, María es la prueba.  Cierro mis ojos, y elevo una plegaria en silencio.

Gentil Madre, Fuente de Amor y Misericordia, Salva a esta hermosa niña, a mi hija, de todo mal y toda desventura, bendícela con salud, honor, sabiduría, bondad y generosidad; haz de ella un ejemplo vivo de la Fe Católica; muéstrale siempre la luz de tu amor, que defienda siempre sus ideas, que siga siempre la voz de su corazón. Y que un día, brille en este palacio como Reina y Señora; que una naciones y que sea feliz, inmensamente feliz.

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Bienvenida al mundo María, hermosa princesa mía.

 

 

Consejos (Reina Isabel de Castilla y Catalina de Aragón)

June 29, 2012 in Corte de Asturias, Hall of Crowns (Mercy Rivera), Spanish Language Diary Entries by Mercy Rivera

*Me encuentro rezando en mi capilla privada, dentro de mis aposentos, cuando una de mis damas se aproxima, se arrodilla respetuosamente a mi lado y se dispone a darme un mensaje* ”Su majestad, vuestra hija, la princesa Catalina ya se encuentra aquí. *Finalmente, después de un largo día de atender embajadores, podre hablar con mi hija; esto no es algo que me agrade mucho, ya que estoy viendo a mis hijas dejar el nido. Pero nacimos en cuna de oro, y con eso vienen ciertos sacrificios. Me persigno, me pongo de pie y camino hacia mi alcoba principal, donde veo al tutor de mi hija Catalina, Alessandro Geraldini, y tres Nanas. Todos, incluyendo a mi hija, se inclinan ante mi presencia; dulcemente le sonrio a mi Catalina; luego con un gesto hago que mis damas, el tutor y los sirvientes de mi hija se retiren. Ahora que estamos a solas, es momento de hablar claro y sin rodeos. ”Siéntate Catalina”. Con dulzura observo a mi pequeña sentarse en mi cama, camino hacia ella, y me siento en una silla, ahora estamos frente a frente. ”Hija, teneis que comprender que para una madre nunca es fácil hablar sobre el momento en el que una hija debe… irse para hacer su propia vida, y en tu caso; ir a gobernar un nuevo reino. Aunque aún falta tiempo; es mi deber decirte que desde que cumplisteis los 3 años, fuisteis comprometida en matrimonio con el Príncipe Arturo Tudor, Heredero del Trono de Inglaterra.    Mas adelante, cuando tengas edad para comprender y esteis en camino hacia tu destino junto a él; te voy a explicar las ventajas de tu matrimonio y tus deberes para con su reino y el nuestro. *Puedo ver miedo en los ojos de mi hija, y eso me conmueve, pero quiero conocer su respuesta, aun cuando es pequeña, se que a su modo, me ha comprendido*

Catalina de Aragón

Mientras escucho, mi vista se pierde en el horizonte. Mi mente viaja lejos, hacia Inglaterra. El reino donde un día viviré, sobre el que un día gobernaré. Lejos de mi querida España. Lejos de mi familia. *Suspiro * Sin embargo, aunque aún soy pequeña, entiendo que para eso he nacido. Cumpliré el destino que Dios tenga marcado para mí….“Está bien, querida madre” *sonrío al ver sus ojos dulces, que nunca olvidaré* “Confío en vuestra majestad. Sé que Dios mismo es quien guía vuestras decisiones. Aunque no os mentiré. Desearía permanecer en España, a vuestro lado. Temo que en otro reino… el sufrimiento me aguarda”

 

Reina Isabel de Castilla y León

El sufrimiento es parte de la vida Catalina mía. Tan fuerte como la felicidad misma, ambas van de la mano. Aun cuando se nace en cuna de oro… se siente de la misma forma. Lo que debes entender, hija mía, es que nunca debes rendirte ante la adversidad. Cuando se es reina, se es reina por siempre. Y se es reina con todo; con la mente, con el cuerpo, con el espíritu y el corazón. *Me pongo de pie y me alejo un poco de ella, es hora de que le hable mas como su reina que como su madre, debo hacerla fuerte, para cuando ya no me tenga a su lado* El Rey de Inglaterra desea mas que nada una alianza entre nuestros reinos. Tu boda con el príncipe Arturo, creará un lazo de paz y prosperidad. Pero será tu deber, mantener ese lazo firme. Yo te voy a ayudar; te voy a guiar para que comprendas y desempeñes tu papel de esposa y monarca como debe ser.

Catalina de Aragón:

*Le sonrío, aunque mi mente permanece dispersa entre lo que es y pronto se irá, y aquello que me espera en otras tierras. Respiro profundamente, para que mis palabras reflejen la fortaleza con que he sido educada * “Es verdad, madre mía. Es preferible el sufrimiento, pues entonces nos entregamos más a la fe para no sucumbir.” *Y mientras hablo, admiro su majestad, y me pregunto si algún día llegaré a ser digna, como ella lo es, de portar la corona de reina.* “Os prometo, querida madre, hacer todo lo que esté a mi alcance para fortalecer los lazos de paz entre Inglaterra y España. Y hasta el día de mi muerte, contando con el auxilio de Dios, y el vuestro, ser una digna gobernante para mi pueblo.

 

Reina Isabel de Castilla y León:

*No puedo evitar sonreír; mi hija, tan pequeña aún y me responde como toda una noble hija de Castilla y Aragón. Catalina; estoy segura que cuando ponga un pie en Inglaterra se robará el corazón de su gente; me acerco a ella, y me arrodillo; le tomo las manos y la miro fijamente a los ojos* Se que cumplirás tu promesa hija mía; serás una gran reina; es vuestro destino. Dios te bendiga Catalina mía; y no desesperes que aún no es tiempo de partir. Ahora ve con tu nana; que mañana será otro día y hablaremos más. *Mi dulce Catalina se pone de pie, me hace una respetuosa y hermosa reverencia y se retira. Es duro saber que poco a poco los hijos se van; pero esa es la ley de quien nace con una corona ya destinada; dejar la patria para reinar a otras tierras; y así dar poder al reino que les vio nacer*

 

 

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