“Lágrimas Negras: La Plegaria de Mary Tudor, Reina de Inglaterra”, por Mercy Rivera

por Mercy Rivera

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Reina Maria Tudor

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Video producido por Mercy Rivera (piratesse4)

 Mercy no posee nada del contenido.

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LágrimasNegras

Fui una vez la perla de este reino, la luz de los ojos del Rey mi padre, y la vida entera de la reina, mi madre. Heredera de sangre noble, de casta fuerte, con ancestros de linaje impecable, y legado precioso, mas aún, a pesar de todo eso, no soy amada por mi reino, ni por mi marido ni por los que me rodean. Yo, la nieta de Isabel y Fernando de Castilla, hija de la noble Catalina de Aragón, hija del león, Enrique VIII, estoy reducida a menos que nada, con una corona que me pesa, que me duele, que me da un inmenso poder pero al mismo tiempo me condena a una soledad extrema. ¿De que me sirve cargarla en mi cabeza si no me puede dar el amor de mi súbditos y de mi rey, de que me sirve si no me puede dar herederos, de que me sirve si solo inspira el miedo de los que pasan por delante de mi? ¿Para esto me esforcé tanto durante mi niñez, para esto es que me mantuve en pie ante todas las amarguras que viví?

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Me miro en el espejo, y no me reconozco. He perdido la lozanía de la juventud, más por causa de las penas que por el paso de los años, me he convertido en una mujer de piedra, fría e indomable. Le he dado mi alma, mi corazón y todo mi ser a Inglaterra como siempre fue mi deber, no me arrepiento, porque he vengado a mi madre, y a mí misma por las injurias del pasado. Desde el momento en que fui unjida y coronada, le devolví el honor a mi casta, recuperé lo que siempre fue mío por derecho, eliminé a mis enemigos y a los enemigos de la Santa Fe Católica, uno por uno cayeron ante las llamas del fuego puro de la justicia de Dios, misma que por mi mano recibieron, poco a poco he destruído la herejía que vino con La Bolena y su estirpe, Inglaterra es una vez más una con Dios y el Santo Padre. He cumplido con un deber sagrado, y aún así, no soy amada. El reino entero murmura, la gente me llama “Maria Sangrienta”, me temen y me odian, no se atreven a decirme de frente lo que gritan a mis espaldas. Soy la Reina, María Primera de Inglaterra, regente sin duda alguna, y no soy amada. Hablan de mi a escondidas. Susurran sobre como la reina envejece y aún no se escucha el llanto del heredero al trono de Inglaterra. ¡Dios, como me torturan, lo peor es que son palabras ciertas, es una verdad que me hiere profundamente! ¿Acaso estoy maldita, acaso Dios me castiga negándome lo que más he querido tener en el mundo? Un hijo, un hijo al cual amar, un hijo que limpie mi alma de tantas amarguras, de tantos pesares y que borre para siempre de mí, ese pasado que tanto me envenena. Un hijo me daría la paz que perdí hace muchos años, me devolvería la alegría de vivir, hasta la misma juventud perdida. Un hijo que sería mi legado más grande, un hijo que continuaría con lo que ya he iniciado. Un hijo, una bendición, una criatura a la que amaría y entregaría todo, sin importar su género, pues jamás cometería el cruel error de mi padre, de rechazar a una hija por el deseo de un heredero varón, yo no cometería nunca esa crueldad con quien sería sangre de mi sangre, carne de mi carne.

Pero estoy vacía, y me niego a creer que no hay oportunidad, ya tuve esa dulce sensación dentro de mí una vez, y fue como si algún maleficio le hubiera hecho desaparecer. Dios sabe cuanto le anhelaba, como pude sentir que florecía la vida misma en mi vientre, no fue engaño, yo se que estaba dentro de mí. Pero por voluntad divina o maligna, no pudo ser, perdí a ese pequeño ser que el amor creó dentro de mis entrañas y mi corazón, sin dolor físico, pero si en mi alma, que nunca pudo entender el por qué de tan cruel burla de este destino mío que se empeña en condenarme a la soledad.

Destino maldito! Destino que cambió mi vida en mis años de niña cuando permitió que Ana Bolena descargara su veneno en mi vida, arrebatándome todo, a mi padre, a mi madre, mi rango y todo lo que yo amaba. Cruel destino que me puso por delante madrastras que poco hicieron por mí, por miedo a enfurecer al tirano de mi padre, al que aveces perdono, y al que aveces odio con todo el corazón, cada vez que pienso en las lágrimas de mi amada madre, y en las mías, Como sufrí en aquellos días, lejos de quien me dio el ser y de todo lo que dulcemente me rodeaba, de la protección que el rango de princesa me otorgaba, como recuerdo el terror de pensar que al día siguiente vería ante mí la sentencia de mi muerte, por la mano de esa perra de Bolena, que me convirtió en bastarda bajo el embrujo que la hizo reina sobre la desgracia de mi madre. Y es por eso que no puedo amar sin dudas a mi hermana como lo manda la ley de Dios, no solo por ser el fruto de la unión que me separó de todo lo que una vez fue enteramente mío, también, porque siempre me sentí menos que ella, si esa es la verdad aunque me pese. Posee una belleza que opaca a la que yo una vez tuve, heredó lo mejor de su madre, tiene ese encanto hechizante que atrae a las masas, los embruja con solo una sonrisa, ¡es por eso que ella no debe ser mi sucesora, no lo puedo permitir! Isabel será lo que una vez fue su madre, una reina hereje, apartará al reino de la obediencia al Santo Padre, de el dulce consuelo de la Madre de Cristo, reinstalará el mal que yo ya he erradicado y no lo puedo permitir! Y aún con todo lo que ya se, no la puedo odiar, no la puedo matar, por sus venas corre la misma sangre que por las mías, admito que recuerdo con cariño los momentos que pasamos juntas cuando la soledad y el desprecio eran nuestra única compañía. Mas como creer ahora en sus palabras de afecto, si estoy segura que su corazón anhela tener sobre su cabeza la corona que yo poseo, estoy segura que su alma es tan ambiciosa como la de su estirpe materna, ella en los huesos también es una Bolena. Isabel, mi hermana y mi rival, mi ruina, y al mismo tiempo la salvación de este reino.

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Isabel, tan joven aún, en cambio yo, a mi me han consumido las penas de tal manera, que los años se pueden considerar inocentes, ante el deterioro tan evidente en mi apariencia. Isabel, la envidio y le temo, la quiero y la desprecio, nos unen y nos separan tantas cosas. Me pregunto, ¿ como ha podido superar los martirios de su soledad, como ha logrado mantenerse fresca y bella a pesar de los miedos que la torturan, por qué a ella le ha bendecido la vida con belleza espléndida a pesar de sus penas, mientras que a mí me ha emparejado con la misma decadencia? No tengo respuestas que me conforten, que me hagan comprender y conformarme, y es por eso que ese amor que le tuve cuando era una niña, denigrada a bastarda como yo, sin madre y sin rango, se ha desvanecido, la rivalidad ha tomado el lugar de ese sentimiento que una vez fue dulce, pero que ya no es más que solo amargura.

Lejos están de mi aquellos recuerdos que dulcemente me consolaban, todo cambió desde los días en que mis padres se mostraban amor a puertas abiertas, tanto que les vi besarse, romper protocolos para brindarse sonrisas, mi padre el Rey, que corría a recibirme en sus brazos y me llamaba “La Perla de su Mundo”. Y mi madre, la hermosa Reina Catalina de Aragón, que guiaba con ternura mis pasos, la que con fervor curaba mis fiebres y me cantaba nanas en la madrugada cuando las pesadillas me aterraban. Dios sabe cuanto extraño su dulce voz, sus consejos, y aquellos regaños, que inspiraban admiración y respeto, pero miedo, eso jamás. Mis padres fueron Reyes, mas yo nunca los vi de esa manera, fueron mis padres, y con ellos fui feliz. Por eso siempre prometía a mi madre que el día que fuera Reina de Inglaterra, haría honores a mi Casta de Castilla y Aragón, haría que la Rosa Tudor marcara por siempre la Corona. Pero Ana Bolena me arrebató todo, y no importa si dicen que mi padre tuvo mil amantes, y un bastardo al que puso por encima de mí, aún con todo aquello yo era la luz de sus ojos, yo lo se. Fue ella y la llegada de Isabel, quienes sellaron mi destino para mal, y todo lo que fui, todo lo que amé, ya nunca más fue mío, y aquella promesa que mil veces le hice a mi madre, ahora mismo se tambalea, se encuentra en peligro de perecer sin ser realmente cumplida.

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Isabel, siento que tristememente en un tiempo no tendré muchas fuerzas para enfrentarte, a veces quisiera olvidar todo, y tenerte conmigo, verte como la hermana que siempre quise a mi lado, más no puedo, ya sea por envidia, por miedo, por desprecio u orgullo, debo mantenerte lejos. Yo se, que los ojos de mi esposo el Rey se han deleitado con tus encantos, los mismos que heredaste de tu madre, bien que eres cuña de su mismo árbol. ¡Me duele y me indigna! Pero en el fondo quisiera ser como tú. Te veo tan llena de vida, mientras que yo me consumo como una llama en medio de la tormenta, sonríes con dulzura, y yo ya no puedo, eres delicada, como lo fui yo en mis años felices, eres ciertamente hija de nuestro padre, hija del león, igual que yo, pero más fuerte, has sobrevivido tus penas sin marchitarte, y es por eso que, aunque me cueste admitirlo, siento que en este reino no habrá reina más amada y recordada que tú. Pues ya no puedo seguir posponiendo lo inevitable, mis fuerzas no son las mismas, y siento que lo que llevo en mi vientre, no es el dulce latir de un hijo, aunque lo deseo con todas mis fuerzas, cada día que pasa me doy cuenta que lo que crece dentro de mi me absorbe la vida, se alimenta de mi de manera ponzoñosa, más no con la dulzura con la que un a criatura de Dios lo hace dentro del vientre materno. Permita Dios y me equivoque, pero si estas dudas se tornan ciertas, tendré que heredarte todo Isabel, pasar mi corona sobre tu cabeza, y al irme de este mundo ver una vez más la perversa sonrisa de tu madre, regocijada en tu triunfo sobre mí.

Lágrimas negras he llorado, lágrimas que encierran rabia, rencor, soledad, amargura y miedo. Lágrimas negras que comencé a derramar desde el día en que me separaron de mi madre, desde el momento en el que el Rey mi padre me lanzó a la sombras para llevar a la luz a su amante en todo su esplendor, mientras que su verdadera reina, se consumía en le verguenza y en la pena de su abandono. Lágrimas negras derramé cuando me degradaron a sirvienta, siguiendo los pasos de mi hermana recién nacida y bajando la cabeza ante aquellos que siempre debieron inclinarse ante mí. Lágrimas negras he llorado sin consuelo, a solas, con el único apoyo de mis recuerdos felices, de aquella niñez que fue cortada tan temprano. Siempre escuché de mis damas decir: que las lágrimas de una princesa, siempre deben ser de alegría, pues el alma de una princesa, siempre debe brillar de felicidad, como el oro con el que fue labrada su corona al nacer. Fácil forjar palabras bellas para alagar a una princesa cuando la gloria le favorece, más cuando ésta cae en desgracia, nadie forja palabras de igual belleza para consolar, y hacer que esas lágrimas negras, tan llenas de agonía, dejen de brotar.

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Lágrimas negras han secado mi alma, se han llevado la juventud de mi rostro, lavaron con su frialdad mi alegría de vivir, ya nunca pude ser de nuevo aquella joven de gran altivez, de presencia cálida que a todos agradaba. Lágrimas negras, lloré cuando al ver mi reflejo en los ojos de mi padre el rey, ya no veía el amor de un padre, si no la rigidez del tirano que solo buscaba mi obediencia y complacencia absoluta, en su mirada fría pude ver mi propio temor, pues me di cuenta que si me mantenía firme en mis convicciones, era claro que no se tocaría el corazón para ordenar mi muerte. A partir de ese momento mi alma se fue marchitando, y así mis sueños e ilusiones igual fueron pereciendo. Pasaba el tiempo y para mí no habia esperanzas, solo la muerte de mi hermano me devolvió lo que siempre debió ser mío en primer lugar, El Trono de Inglaterra.

La dulce victoria de mi llegada al trono fue cálida, yo tenía tanto por hacer, por primera vez me sentí segura, recompensada por tantos años de rechazo y amargura. Pero de nada sirvió, porque la soledad no me abandona, y tampoco la mala fortuna. En las noches siguen brotando lágrimas negras, caen por mi rostro tan frías como el invierno mas duro, porque no hay alegría a pesar de mis logros, no hay amor a pesar de mi deseo, no, no hay amor, pues no lo veo en los ojos de el hombre al que amo, en el que había puesto todas mis esperanzas de felicidad. Me mira con desprecio, y aveces creo que hasta con asco, y no le culpo, ya no soy hermosa, al menos no como una vez lo fuí, pero le amo, ¿acaso no es eso suficiente? No, creo que no lo es, tanto que mi madre amó a mi padre, y aún así fue abandonada. ¿Por qué, Por qué para una reina es tan dificil ser amada por lo que es, por quien es, es que acaso las reinas de Inglaterra tienen prohibido el placer de amar y ser correspondidas, con la misma libertad y pureza que ese sentimiento divino profesa.

Cruel destino el mío que solo ha hecho brotar de mis ojos lágrimas negras. Tan corta fue la dicha en mi vida, y tan larga mi pena. ¿Será que mi estirpe está maldita, a causa de pecados pasados, será este el precio a pagar? Dios sabe que mis actos fueron hechos con el fin de traer a Inglaterra de vuelta a la luz, a la Fe única y verdadera. No me arrepiento de nada, pues lo hice actuando con mi consciencia, hice lo que juré en silencio mi madre y a mí misma. Pero quizás sea mi negativa a perdonar, lo que realmente me esté envenenando por dentro. Puede que esa sea la raíz de todos mis males, pues Dios mismo ha ordenado en Su palabra perdonar, aún a nuestros más fuertes enemigos. Bien pues, tomando en cuenta que dentro de mí, siento un nuevo ardor de vida, elevo al cielo una plegaria, abro mi corazón al perdón, pues si es el precio a pagar por una esperanza de felicidad, de ser amada por mi pueblo como su reina, estoy dispuesta a tragame mi orgullo, y dar el perdón a quienes más daño me hicieron en esta vida.

De rodillas, suplico a Dios y a la dulce Virgen María que escuchen mi clamor, es mi deseo, dejar mi odio atrás, que me den la fuerza que necesito para tragarme mi orgullo, y perdonar a mi padre, a esa mujer, Ana Bolena, que con su lujuria y ambición destruyó mi vida, pido por el alma de ambos, para que reciban el perdón.Te perdono, padre mío, por darme el cruel látigo de tu desprecio después de tantos años de veneración y amor, jamás podrás imaginar el dolor tan inmenso que me hiciste padecer, y si está tu alma finalmente en el cielo, no lo se, aún me siento muy herida como para anhelar que así sea, aunque mi corazón te perdone en mi memoria están ardiendo aún los recuerdos de esos días negros, que tanto marcaron mi existencia. Y ella, Ana Bolena, espero que Dios le haya perdonado todo el mal que causó, tanto a mí como a tantos hombres buenos que sirvieron al Rey con fervor y lealtad. Mi confesor una vez me dijo que ella con la pérdida de su cabeza ya había pagado todas sus maldades, tal vez sea la verdad, y sea hora de olvidarla y dejar de pensar en ella con tanto odio. Pido también por el alma de mi madre, a la que nunca olvido, la que vive en mi corazón y en mis recuerdos, que esté en paz y me ayude desde el cielo a hallar la mía propia. Y más que todo, pido que esto que siento latiendo dentro de mí, sea la esperanza de este reino, y mi redención, mi recompensa a tantos años de miedo y sufrimientos. Que me equivoque en mis malos pensamientos, que sea vida y no desventura o enfermedad lo que dentro de mi viente siento crecer, que sea un heredero, creo merecer esa bendición, ¿verdad?

Deus, animam meam: dimittite me ut plangeret prohibere nigrum lacrimis. In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti, Amen.

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English Translation:

Black Tears:  The Prayer of Mary Tudor, Queen of England

I once was the pearl of this kingdom, the light of the eyes of the King my father, and the whole life of the queen, my mother. Heir of noble blood, strong caste, with ancestry of impeccable lineage, and precious legacy, but still, in spite of all that, I am not loved by my kingdom, neither by my husband nor by those around me. I, the granddaughter of Isabel and Ferdinand of Castile, daughter of the noble Catherine of Aragon, daughter of the lion, Henry The VIII, I am reduced to nothing, with a crown that is too heavy for me to carry, it hurts me, a crown that gives me an immense power But at the same time condemns me to extreme solitude. What good is it to have it on my head if it can not give me the love of my subjects and my husband, what good is it to me if it can not give me heirs, what good is it if it inspires only the fear of those who cross my path? It is for this that I worked so hard in my early years, it is for this that I kept myself together during all my years of suffering?

I look in the mirror, and I do not recognize myself. I have lost the freshness of youth, more because of the pain than for nature of years, I have become a woman of stone, cold and indomitable. I have given my soul, my heart and my whole being to England as it was always my duty, I do not regret it, because I have avenged my mother, and myself for the insults of the past. From the moment I was anointed and crowned, I returned the honor to my caste, recovered what was always mine by right, I eliminated my enemies and the enemies of the Holy Catholic Faith, one by one fell before the flames of pure fire Of the justice of God, which by my hand they have received, I have gradually destroyed the heresy that came with The Boleyns, its lineage and all their allies, England is once again one with God and the Holy Father. I have fulfilled a sacred duty, and yet, I am not loved. The whole kingdom murmurs, people call me “Bloody Mary”, they fear me and they hate me, they do not dare to tell me on my face what they shout behind my back. I am the Queen, Mary First of England, regent without doubt, and I am not loved. They talk about me on the sly. They whisper about how the queen grows old and the cry of the heir to the throne of England is not yet heard. They torture me, the worst thing is that their words are true, it is a truth that deeply hurts me! Am I cursed?, perhaps God punishes me by denying me what I have wanted most in the world. A son, a son to love, a son who cleans my soul from so many sorrows, from that past that poisons me so much. A son would give me the peace I lost many years ago, would give me back the joy of living, even the lost youth. A son who would be my greatest legacy, a son who would continue with what I have already begun. A son, a blessing, a creature I will love and give everything, regardless of gender, for I would never commit the cruel error of my father, to reject a daughter for the will of a male heir, I would never commit that cruelty with who would be blood of my blood, flesh of my flesh.

But I am empty, and I refuse to believe that there is no chance, I already had that sweet sensation inside me once, and it was as if some curse had made it disappear. God knows how much I longed for a child, how I felt that life itself flourished in my womb, it was not deception, I knew it was inside me. But by divine will or dark evil, could not be, I lost that little being that love created inside my heart without physical pain, why so cruel mockery of This destiny of mine that insists on condemning me to solitude?

Damn destiny! Destiny that changed my life in my childhood when allowed Anne Boleyn to discharge her poison in my life, snatching everything, my father, my mother, my rank and everything I loved. Cruel destiny that put me before stepmothers who did little for me, for fear of infuriating the tyrant of my father, whom I sometimes forgive, and whom I sometimes hate with all my heart, whenever I think of the tears of my beloved mother , And in mine, As I suffered in those days, far from who gave me life and everything that sweetly surrounded me, the protection that the rank of princess granted me, as I remember the terror of thinking that the next day I would see Before me the sentence of my death, by the hand of that bitch of Boleyn, who made me a bastard under the spell that made her reign over my mother’s misfortune. And that is why I can not love my sister as God’s law commands, not only because she is the fruit of the union that separated me from everything that was once entirely mine. Also because I always felt less Than her, that is a fact I can not deny.

She has a beauty that overshadows the one I once had, she inherited the best of her mother, Elizabeth has that enchanting charm that attracts the masses, she bewitches them with just a smile, that is why she should not be my successor, no I can not allow it! Elizabeth will be what her mother once was, a heretic queen, she will remove this kingdom from obedience to the Holy Father, from the sweet consolation of the Mother of Christ, she will reinstall the evil that I have eradicated and I can not allow it! And even with all that I already know, I can not hate her, I can not kill her, her blood is also my blood, I admit that I remember with affection the moments we spent together when loneliness and contempt were our only company. But as I now believe in her words of affection, I am also sure that her heart yearns to have on her head the crown that I possess, I am certain that her soul is as ambitious as that of her maternal race, she in the bones is also a Boleyn . Elizabeth, my sister and my rival, my ruin, and at the same time the salvation of this kingdom.

Elizabeth, so young, yet I have been so consumed with such pains that the years can be considered innocent, in the face of the deterioration so evident in my appearance. Isabel, I envy her and I fear her, I love her, the sorrows unite us and separate us from so many things. I wonder, how she has overcome the martyrdoms of her solitude, how she has managed to keep herself fresh and beautiful despite the fears that torture her, why she has blessed her life with splendid beauty despite her sorrows, and I am in decay? I have no answers that comfort me, that makes me understand and conform, We both were denigrated, called bastards and we both lost all we loved and cared for, and yet, I was the most devastated by bitterness.

Far away are those memories that sweetly comforted me, everything changed from the days when my parents showed their love openly, many times I saw them kissing, breaking protocols to give themselves smiles, my father the King, who ran to receive me in his Arms and called me “The Pearl of his World”. And my mother, the beautiful Queen Catherine of Aragon, who tenderly guided my steps, who fervently cured my fevers and sang me nanas at dawn when the nightmares terrified me. God knows how much I miss her sweet voice, her advice, and those scoldings, which inspired admiration and respect, never fear. My parents were Kings, but I never saw them that way, they were my parents, and with them I was happy. That is why I always promised my mother that on the day that I was Queen of England, I would honor my Caste of Castile and Aragon, I would lead the Tudor Rose to mark forever the Crown. But Anne Boleyn took everything from me, and it does not matter if they say that my father had a thousand lovers, and a bastard whom he put above me, even with all that I was the light of his eyes, I know. It was her and the arrival of Elizabeth, who sealed my destiny, and everything I was, everything I loved, was never mine anymore, and that promise that I made to my mother a thousand times, is now tottering, Is in danger of perishing without actually being fulfilled.

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Elizabeth, I feel that sadly in a while I will not have much strength to face you, sometimes I want to forget everything, and to have you with me, to see you as the sister I always loved at my side, but I can not, either out of envy, out of fear, out of contempt Or pride, I must keep you away. I know that the eyes of my husband the King have delighted in your charms, the same ones you inherited from your mother, well, you are wedge of her own tree. It hurts and makes me angry! But deep down I would like to be like you. I see you so full of life, while I consume like a flame in the midst of the storm, you smile sweetly, and I can not, you are delicate, as I was in my happy years, you are certainly the daughter of our father, Daughter of the lion, just like me, but stronger, you have survived your sorrows without waning, and that is why, although I admit it, I feel that in this kingdom there will be no queen more loved and remembered than you. For I can no longer postpone the inevitable, my strength is not the same, and I feel that what I carry in my womb, is not the sweet touch of a child, although I want it with all my strength, every day that passes I realize That what grows within me absorbs my life, it feeds on me in a poisonous way, but not with the sweetness with which a creature of God does it within the womb. I pray God that I am wrong, but if these doubts become true, I will have to inherit all to Elizabeth, pass my crown on her head, and when I leave this world I will see once again the wicked smile of her mother, rejoicing in the triumph of her daughter over me .

Black tears I cried, tears that contain anger, rancor, loneliness, bitterness and fear. Black tears that I began to spill from the day they separated me from my mother, from the moment the King my father cast me into the shadows to bring to light his mistress in all her splendor, while his true queen , Was consumed in the shame and the pain of his abandonment. Black tears I shed when I was degraded to a servant, following in the footsteps of my newborn sister and lowering my head to those who always had to bow before me. Black tears I cried without consolation, alone, with the only support of my happy memories, of that childhood that was cut so early. I always heard of my ladies saying that the tears of a princess must always be of joy, for the soul of a princess must always shine with happiness, like the gold with which her crown was wrought at birth. It is easy to forge beautiful words to swell a princess when glory favors her, but when she falls in disgrace, no one forges words of equal beauty to comfort, and make those black tears, so full of agony, cease to spring.

Black tears have dried my soul, they have taken away the youth of my face, washed with coldness my joy of living, and I will never again be that young woman of great pride, with a warm presence that pleased everyone. Black tears, I cried when seeing my reflection in the eyes of my father the king, I no longer saw the love of a father, but the rigidity of the tyrant who only sought my obedience and absolute complacency, in his cold gaze I could see my own Fear, for I realized that if I held firm in my convictions, it was clear that he would not touch his heart to order my death. From that moment my soul wilted, and so my dreams and illusions alike were perishing. Time passed and for me there was no hope, only the death of my brother gave back to me what must have always been mine in the first place, The Throne of England.

The sweet victory of my arrival to the throne was warm, I had so much to do, for the first time I felt safe, rewarded by so many years of rejection and bitterness. But it did no good, because loneliness does not abandon me, nor does bad luck. In the nights, black tears continue to come, they fall on my face as cold as the hardest winter, because there is no joy despite my achievements, there is no love despite my desire, no, there is no love, for I do not see it in the Eyes of the man I love, in whom I had put all my hopes of happiness. He looks at me with contempt, and sometimes I think that even with disgust, and I do not blame him, I’m not beautiful anymore, at least not as I once was, but I love him, is not that enough? No, I do not think so, so much so that my mother loved my father, and yet she was abandoned. Why, why is it that for a queen it is so difficult to be loved for what she is, for who she is, is it that the queens of England are forbidden the pleasure of loving and being reciprocated with the same freedom and purity as that divine feeling Professes.

Cruel destiny of mine that only made black tears come out of my eyes. So brief was happiness in my life, and so long my grief. Shall my race be cursed, because of past sins, is this the price to pay? God knows that my actions were done in order to bring England back to the light, to the only true Faith. I do not regret anything, because I did it by acting with my conscience, I did what I swore in silence, for my mother and myself. But maybe it’s my refusal to forgive, which is really poisoning me inside. That may be the root of all my evils, for God himself has commanded in His word to forgive even our strongest enemies. Well, taking into account that within me, I feel a new ardor of life, I raise a prayer to heaven, I open my heart to forgiveness, for if it is the price to pay for a hope of happiness, to be loved by my people as His queen, I am ready to swallow my pride, and give the forgiveness to those who have done the most harm in my life.

On my knees, I beg God and the sweet Virgin Mary to listen to my prayer, it is my desire, to leave my hatred behind, to develop the strength I need to swallow my pride, and to forgive my father, that woman, Anne Boleyn, Who with her lust and ambition destroyed my life, I ask for the soul of both, so that they may receive forgiveness. I forgive you, my father, for giving me the cruel whip of your rejection after so many years of veneration and love, you can never imagine the Pain that you made me suffer, and if your soul is finally in heaven, I do not know, I still feel very hurt to yearn for it to be so, although my heart forgives you, in my memory are still burning the memories of those dark days, that marked so much my existence. And she, Anne Boleyn, I hope that God has forgiven all the evil she caused, both me and so many good men who served the King with fervor and loyalty. My confessor once told me that with the loss of her head she had already paid for all her evil action, perhaps it is the truth, and it is time to forget and stop thinking about her with so much hatred. I also ask for the soul of my mother, whom I never forget, who lives in my heart and in my memories, who is at peace and help me from heaven to find my own. And above all, I ask that what I feel beating within me, may be the hope of this kingdom, and my redemption, my reward for so many years of fear and suffering. I hope that I am wrong in my bad thoughts, that is life and not misfortune or disease what I feel growing, that he is an heir, I think I deserve that blessing, right?

Deus, animam meam: dimittite me ut plangeret prohibere nigrum lacrimis. In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti, Amen

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