“Melancolía”, by Mercy Alicea Rivera

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Cuando miro por esta ventana, la única fuente de luz dentro de esta habitación fría, adornada con lujos que solo me recuerdan que vivo en una jaula de oro, donde todo se me ofrece sin esfuerzo, donde solo soy un objeto, un simbolo de poder que en realidad no poseo, porque para mi Rey ya no soy nada, ya mi palabra no cuenta para él, ni siquiera mi presencia, es cuando me doy cuenta que la vida de una doncella sin nobleza es mucho más feliz que la de una reina. Como quisera ser ahora una mujer como ellas, al verlas pasear del brazo del hombre que aman, buscando un lugar para compartir un beso, una caricia. Es evidente que la vida para ellos no es fácil, pero en cuanto al amor son más que afortunados. Veo mujeres de mi edad que lucen mejor que yo, la juventud sigue presente en ellas aún cuando el trabajo es duro, la comida escasa y el descanso leve. Seguramente al llegar a casa encuentran la compañía de un esposo fiel, hijos que la abracen, el calor de un hogar, un verdadero hogar.

Porque este bello palacio no es un hogar… este lugar es un nido de serpientes que se entrelazan en el oro, el poder y la ambición. Es una cueva donde seres sin compasión complacen a un rey que solo busca ver sus caprichos satisfechos y su gloria exaltada. Porque en este palacio tengo que pasearme todos los días fingiendo una sonrisa, saludando embajadores, cortesanos, miembros del consejo a quienes poco les importa mi suerte, mi buenaventura o mi desgracia. Hipócritas que se inclinan ante mí para luego ofenderme con sus actos siniestros en mi contra. Este es el refugio de las rameras que ocupan mi lugar en la cama del rey, y luego me siguen a todas partes, me atienden, me llaman Majestad y Señora, horas después de haberse revolcado con mi esposo. Y todo lo tengo que soportar, porque soy la Reina, quien gobierna junto al Rey que me martiriza sin levantarme la mano, o sin una palabra ofensiva. Son sus actos tras las sombras de estas paredes  los que poco a poco están consumiéndome de la manera más amarga. La dureza de su rechazo se está llevando poco a poco lo mejor de mí, aún cuando mis años no son viejos, mi piel muestra líneas secas, de tiempo natural adelantado a mi edad; duele ver como la soledad, el abandono, la falta de amor y el miedo pueden acabar con una mujer que solo ha vivido para amar, honrar y obedecer.

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Lejos están los recuerdos de cuando alguna vez fui feliz en mi hermosa Andalucía, en aquellas Calles de Aragón donde el amor hacia mí y hacia mi familia era tan palpable como aquello se puede sosterner entre las manos. Lejos están aquellas ilusiones de niña cuando la promesa del amor y la gloria de un príncipe me esperaban en tierras lejanas, muerto está mi noble caballero, mi promesa de Rey, aquel que con su mirada prometía fidelidad legítima, que sin conocerme me hablaba de un futuro hermoso, me decía que algún día su reino y el mío serían uno solo. Su muerte se llevó esa oportunidad, a pesar de que nos bendecía la juventud, la enfermedad lo arrancó de mi lado, sin darme la dicha de conocer ese amor tierno que en sus ojos brillaba, se fue y me dejó vacía, en un limbo que me negaba a comprender, pero que estaba allí. Tras su muerte fui descartada, mi destino incierto, en silencio me preguntaba que sería que mí; era como si la muerte de Arturo se hubiera convertido en mi deshonra, aún cuando entre nosotros… jamás hubo esa intimidad de la que tanto me hablaron, con la que con temor soñaba a pesar de que todavía no le conocía. El tiempo pasaba, yo seguía perdida entre dos reinos. Hasta que la luz tocó de nuevo a mis puertas, y se me dijo que el hermano de mi difunto esposo, el joven Enrique, sería mi prometido, mi futuro.

Y yo creí que mi vida comenzaba. Cuando lo conocí…. supe sinceramente lo que era sentir amor verdadero, sentir ese ardor en el corazón, ese vacío en las entrañas, que es tan dulce y tan profundo. Lo miré a los ojos y no me sentí una desconocida, como me ocurrió cuando ví a Arturo por primera vez, a Arturo lo sentía yo como a un amigo al que me veía obligada a ver como hombre… con Enrique, todo era diferente, y esta vez yo estaba dispuesta a dar todo por ganarme su amor, por hacerlo feliz e unirme a esa dicha con él. Aún en tardes calmadas como ésta, cuando no hay mucho revuelo en la corte y puedo pasearme sin tantos ojos observándome, puedo recordar aquellos días donde yo era el centro de la vida de Enrique, cuando nos paseábamos por los jardines de este palacio tomados de la mano, ante la mirada fría de su padre y del Cardenal, que creo que siempre ha sentido antipatía por mí; nada de eso importaba, porque yo tenía su presencia, su penetrante mirada sobre mí y la seguridad de que me amaba, tanto como yo lo amaba a él.

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Dios, como extraño aquellos tiempos! Como me duele no tenerlos más! Nunca falté a mi palabra cuando dije que era doncella… Fue Enrique y no Arturo quien hizo de mí una mujer completa, eso lo sé… Con Arturo no hubo nada, nada comparado a lo que viví con Enrique en nuestra noche de bodas. Enrique fue mi primer hombre, y será el último, pues juré ser suya para siempre y así será hasta el día de mi muerte. Como recuerdo aquellas noches entre sus brazos, la pasión de Enrique no se puede describir con palabras, tal vez es por eso que no hay mujer que pueda resistirse a él. Es solo por eso que mi desprecio por ellas no llega tan lejos… porque comprendo lo poderosa que es esa parte suya, que se atreve a repartir aún a costa de mi sufrimiento. Largas eran las noches de amor a su lado, dulces los momentos juntos, abrumadora la llama de su habilidad para amar. Tanto amor dejó frutos es nuestros primeros años, incluso un hermoso príncipe que tenía sus ojos. Pero el destino no les permitió vivir lo suficiente para mantener vivo el amor de su padre por mí. Dios en su infinito misterio decidió arrebatar a esos niños de mi lado cuando apenas habían logrado aliento de vida, y con la pena de esas muertes… el amor de Enrique por mí dejó de ser el mismo. Fue entonces cuando aparecieron las amantes…todas llenando algo en la vida de Enrique… esas mujeres que se llamaban mis damas, mis servidoras, despertaron en el una pasión atroz que apagaba la pena de la muerte de nuestros hijos. Con cuanto dolor me tragué los celos! Tuve que sacar fuerzas de donde no tenía para no enfrentarlo, para no gritarle a los cuatro vientos la rabia que me consumía gracias a su engaño! ¿Acaso no era yo joven aún, acaso no era yo capaz de darle más hijos, acaso no era yo como ellas en nuestra intimidad?

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Pero yo siempre fui fiel, siempre su esposa amante, su reina intachable, incapaz de una palabra hostil hacia mi señor. Y en las noches, sabiendo yo que tal vez venía de dormir en otras sábanas, yo le recibía en mi lecho, aceptaba sus caricias, sus besos y su amor, y fue entonces que fue concebida… la más grande de mis alegrías. Pues nació María… una niña que a sus ojos debió ser varón, pero ante los míos ella era la señal de que había esperanza, que su llegada solo anunciaba la bendición de que mas hijos vendrían. María, María… dulce princesa mía; hija de mi corazón. El bálsamo que calmó por mucho tiempo la voracidad del rey por camas ajenas, y lo devolvió a mi lado, su ternura hacia mi regresó; los tres éramos como uno solo, y yo volví a ser feliz, una reina sonriente y complaciente, una madre dichosa y orgullosa, una esposa amante y dedicada. Más tan cierto como que nada es para siempre… poco me duró la dicha, pues tras el nacimiento de María, solo más muerte llegó con cada nueva maternidad que me tocaba… sangre muerta y silencio llenaron mi vida, y con el último parto…murieron mis esperanzas de dar un príncipe al hombre que tanto amo.

La luz de la alegría se fue apagando, solo María me mantenía fuerte… con deseos de seguir. Su presencia me hacía olvidar que mi vientre ya estaba seco y maltrecho. Pero en mis horas de soledad, el eco de los rumores de amantes me atormentaba, más la culpa de saber que no podría nunca complacer a mi rey… me hacía hacerme de la vista larga…pues si el me perdonó mi falta, yo debía hacer lo mismo con las suyas. Siempre pensé que me seguía amando de alguna manera, en ocasiones visitaba mi lecho… aunque fuera solo para dormir a mi lado, además, aunque tuviera amantes, yo siempre seguía siendo su reina. Me consultaba cosas, hablábamos como marido y mujer, nada era como antes, pero yo era su reina, y ninguna otra opacaba mi lugar junto a él.

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Pero ahora… ahora llega ella, ella que no es como cualquier otra mujer de esta corte. Ella que es fuerte, hermosa, brillante como la luz del sol, con la misma vitalidad que yo tuve hace años y con la suficiente sabiduría y coraje para arrancar de mi lado al hombre que más amo, y con él, mi corona. Esa corona que ahora me duele como si estuviera hecha de espinas… porque llevarla ahora no me mantiene segura como reina, mi corona ya no tiene poder, pues ella con su oscuridad lo está matando. Ana Bolena, al igual que su hermana capturó el interés de Enrique… solo que Ana es más inteligente. Cuando la observo en la corte, siento que mi sangre se congela. Es audaz, tiene talento para ser admirada, y juega con el deseo de Enrique con extraordinaria perfección. Sabe como volverlo loco sin dejar que siquiera la toque. Me da rabia verlos bailar en mi presencia, y presenciar como se devoran el uno al otro con la mirada. La maldigo en silencio y al mismo tiempo la envidio, porque quisiera tener lo que ella tiene, desearía absorber su encanto y su juventud para recuperar a mi rey… tenerlo como antes, así… como ella lo tiene ahora.

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Y es impresionante luego verla ante mí, sirviéndome y atendiéndome como la más sumisa de las doncellas. Apenas me mira a los ojos, y cuando lo hace demuestra un respeto limpio, tan profundo que aveces hasta le creo. Ana Bolena, su alma debe ser tan oscura como el color de su mirada, ella es como el cuervo nocturno que espera en la puerta de los miserables, para observar… y luego satisfacerse de sus agonías. Pero cuando la miro, no puedo evitar en cierto modo pensar…que tal vez al igual que yo, no es culpable de sentir lo que siente, o que como a mí… la han visto como la clave para el poder absoluto, aún si eso significa destruir. Es increíble su maestría para mostrarme respeto, y luego a escondidas verse con mi rey. Su presencia me hace imaginar sus encuentros… me parece verlos besándose por los rincones, haciéndose promesas a mis espaldas, planeando como se desharán de mí para poder estar juntos. ¡Como se han de burlar de mí, de seguro dicen cosas humillantes, se ríen de mis faltas e incapacidades! Siento rabia al saber que ella posee lo que yo ya perdí, y que poco a poco está matando el poco amor que Enrique sentía por mí.

Su presencia me desespera, pero echarla de mi lado significaría incrementar el rechazo de Enrique hacia mí. Ana Bolena no necesita restregarme con palabras lo que sucede entre ella y el rey, su forma de ir por la corte lo dice todo… esas bellas joyas que luce todos los días, la osadía de vestir a la Francesa cuando mi orden es contraria. Yo soy la reina, pero ahora es Ana quien manda en esta casa… más bien… en este lugar… porque este palacio dejó de ser mi casa hace mucho tiempo. Y le pregunto a Dios con fervor: ¿Por qué permites que el sol brille para ella, mientras que sobre mí solo llueven amarguras? ¿Por qué permites que ella entre en su corazón, y lo alejas de mí? ¿Que hice para merecer esta tortura? Todos saben, que hice todo por darle al rey un hijo varón, jamás le negué mi cuerpo aunque estuviera yo sufriendo la peor de las fiebres o la tristeza más profunda, porque al igual que él yo anhelaba esa bendición. Aún no tengo respuesta, y el tiempo se acaba. Años van y vienen, poco a poco Ana gana terreno, Enrique me humilla y a ella la adorna de felicidad, mi Fe es fuerte, pero mis fuerzas disminuyen.

He sido traicionada tantas veces por las mujeres que se han hecho llamar mis damas. La que le dio un hijo que ahora está por encima de mi hija en rango y quizás hasta también en amor, pasó de largo… solo se quedó como la madre de su hijo y nada más. Me sentí humillada pero igual me mantuve fuerte… porque él no me cambió por ella. Pero Ana… ella es distinta, Enrique la ama, la desea, sabe que su juventud es señal de una maternidad sana, ve en ella la esperanza de un príncipe y no le importa acabar con todo lo bueno y sagrado en este reino, con tal de sentarla a su lado como reina, enterrándome a mí en el camino… como si yo hubiera sido un error en su vida, un mal paso, un estorbo. Quienes están cerca del rey la favorecen… incrementan el deseo del rey de desterrarme, han cambiado su mente, su corazón… lo han hecho pecar de la manera más abominable. El Rey ya no tiene amor por su pueblo, por las Sagradas tradiciones, ni siquiera por la Ley de Dios. En su vida… Ana es la ley, y yo soy la plaga que hay que curar para que ella pueda brillar en plena libertad. El tiempo pasa… este lugar es cada vez más frío, no quiero dejar mi habitación, me aturden los suspiros de quienes me tienen lástimas, me hieren las voces de quienes se alegran de mi desdicha, ya ni siquiera puedo ver a mi hija, mi hermosa María, ya no hay consuelo desde que me me arrebataron la luz de su mirada. Me duele saber que mientras yo me consumo aquí, ella es feliz con mi Rey. ¿Por qué Enrique? Cuando miro a mi alrededor, veo menos doncellas… seguramente han decidido servirla a ella, están hartas de mi tristeza y no están dispuestas a consolarme. ¿Es esta vida la que Ana Bolena desea con tanto fervor que no se ha detenido a pensar que algún día, al igual que yo, puede verse bajo las mismas circumstancias? Se que ella le ha prometido un hijo, tiene que haberlo hecho ya, ella sabe que es lo que el Rey más desea. Que ruegue de rodillas por un hijo… porque de lo contrario, si no lo logra… quizás su destino termine siendo más negro que el mío. Más no tengo interés en advertirle. Enrique está moviendo el mundo por ella… si ella lo hace infeliz, será con ella mucho más cruel que conmigo, estoy segura. ¿Pero Dios, por qué dudo de su victoria? Si ella ha logrado ya hundirme en la más dura soledad.

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Apenas duermo, este nuevo amanecer que ven mis ojos es sombrío, siento que voy a recibir la última estocada. De pronto escucho pasos, luego la voz de una de mis damas anunciando la llegada del Secretario del Rey, al verlo me doy cuenta de que yo estaba en lo cierto. Trae en sus manos lo que parece ser un decreto real. Cuando lo lee en voz alta, entiendo que es el final. El Rey me ordena abandonar mi casa, mi vida, mis recuerdos, mi amor por él. Me ordena salir del lugar que fue testigo de tanto amor, de tanta felicidad, de tanta gloria. Me envía a un lugar apartado de su nueva vida con una mujer que nunca podrá amarlo con la misma fuerza con la que yo lo amé, con la que lo sigo amando todavía a pesar de su crueldad hacia mí. Pero cuando me uní a él juré honrarlo y obedecerlo siempre, y eso es lo que haré.

Todo está listo para mi partida…solo mi dama más leal, a quien considero una amiga más que una sirvienta, ha decidido seguirme. Mi querida María de Salinas, como vas a sufrir cuando te diga que no se te permitirá acompañarme, pues temen que me ayudes a conjurar una venganza contra el Rey. Eso piensan de mí, me temen aún cuando saben que mi sobrino jamás intervendrá en mi nombre… ciega he sido todo este tiempo. Si ha sido capaz de mantener a mi hermana su madre en las sombras como si ella nunca hubiera sido reina, si rompió su compromiso con mi hija… ¿Acaso puedo esperar apoyo de su parte? Después de todo, de nada me sirve ahora. Enrique ha dictado su palabra y contra eso ya nada se puede hacer. Adiós digo al lugar que una vez contempló mi felicidad, y que ahora me despide en denigrante humillación. Todo es silencio, el aire es denso, me siento perdida; solo esperan por mí tres sirvientas, no son damas de nobleza, pero al menos se inclinan ante mí, me reconocen como su reina, y por eso siempre le estaré agradecida.

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Se que no habrá regreso, el corazón me lo grita. Ella ha ganado, venció todos los obstáculos que me hacían fuerte e invencible. Pudo contra todo y contra todos. Aunque me duela, aunque me sienta la más miserable al admitirlo, se que ella va a reinar en este lugar. Compatirá su cama, le dará los príncipes que yo no pude darle, borrará mi existencia de este lugar y me convertirá en un triste recuerdo. Cuando me pregunto como pudo sucederme esto, ¿que fue lo que hice para merecer esto? Surgen miles de respuestas, y todas me hacen culpable. El amor no tiene lugar en los reinos de la tierra; el poder, el deseo, la ambición y la lujuria le han suplantado. Si la reina no complace al rey, esta esta condenada a ser aplastada por su ira. Y lo mismo le sucederá a ella si se atreve a faltar a sus promesas.

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Adiós a este lugar, a mis recuerdos, se que me voy para no volver…ya no vale la pena luchar por lo que de sobra se está perdido. Solo me queda Dios, y la esperanza de que algún día el corazón de Enrique recuerde el inmenso amor que nos juramos, que no olvide que tenemos una hija, una hija que es todo lo que este reino merece como soberana, una vez él ya no esté sentado en el trono. Dejo atrás mi corazón, mi esencia, mi existencia… todo lo que fuí quedará marcado para siempre en estas tierras, en las paredes de este palacio. Adiós a mi reino, adiós a mi señor y amado esposo. Me voy en paz, cargando mi cruz pero con mi alma limpia…pues yo soy la reina, la reina aunque ella se pasee con mi corona. Yo soy la reina, aún en la despedida,… y lo seguiré siendo, hasta el final de mis días.

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One Reply to ““Melancolía”, by Mercy Alicea Rivera”

  1. ENGLISH TRANSLATION

    When I look out this window, the only source of light in this cold room, decorated with luxuries that only remind me that I live in a golden cage, where everything is offered me effortlessly, where’m just an object, a symbol of power I actually do not own, because for my king and I am nothing, and my word counts for him, not even my presence, is when I realize that the life of a girl without nobility is much happier than a queen . As quisera now be a woman like them, to see them strolling arm of the man they love, looking for a place to share a kiss, a caress. It is clear that life for them is not easy, but about love are more fortunate. I see women my age who look better than me, youth is still present in them even when the work is hard, poor food and slight break. Surely when I got home found the company of a faithful husband, children who embrace the warmth of a home, a true home.

    Because this beautiful palace is not a home … this place is a nest of snakes intertwined in gold, power and ambition. It is a cave where beings without compassion delight to a king who seeks only to see their satisfied whims and his exalted glory. Because in this palace I have to pasearme daily faking a smile, greeting ambassadors, courtiers, board members who could not care my fate, my fortune and my misfortune. Hypocrites who bow to me then offend with their sinister acts against me. This is the refuge of harlots who occupy my place in the king’s bed, then follow me everywhere I attend, call me Lady Majesty, hours after wallowing with my husband. And all I have to endure, because I am the Queen, who rules with King that tortures me without getting up the hand, or without an offensive word. Are their acts in the shadows of these walls that are slowly consuming me the most bitter way. The hardness of their rejection is being gradually my best, even though my years are not old, my skin dry sample lines, natural time ahead of my age; hurts to see as loneliness, abandonment, lack of love and fear can kill a woman who has only lived to love, honor and obey.

    Gone are the memories of when I was ever happy in my beautiful Andalucía, Aragón those streets where love towards me and my family was so palpable as that can sosterner hands. Gone are those illusions girl when the promise of love and glory of a prince waiting for me in distant lands, dead is my noble knight, my promise to King, who promised his gaze legitimate fidelity, without knowing that I spoke of a beautiful future, telling me that someday his kingdom and mine would be one. Her death took that opportunity despite who blessed us youth, sickness snatched it from me, not giving me the joy of knowing that tender love her eyes shone left and left me empty, a limbo I refused to understand, but it was there. After his death I was dismissed, my fate uncertain, silently wondering who would be me; it was as if Arthur’s death had become my shame, even if among us … it never was the intimacy of both spoke to me, with that fear dreamed although not yet know him. Time passed, I still lost between two kingdoms. Until the light touched my door again, and was told that the brother of my late husband, the young Henry, would my fiance, my future.

    And I thought my life was beginning. When I met him …. I knew what was truly feel real love, feel that heartburn, that gap in the belly, that is so sweet and so deep. I looked into his eyes and I did not feel a stranger, as happened to me when I saw Arturo first, Arturo what felt like a friend who I was forced to watch as a man … with Enrique, everything was different, and This time I was ready to give everything to win her love, to make him happy and join that said to him. Even afternoons calm like this, when there is much excitement in court and I can pasearme without many watching eyes, I can remember those days where I was the center of the life of Henry, when we strolled through the gardens of the palace holding hand, before the cold eye of his father and Cardinal, which I think has always felt antipathy for me; none of that mattered because I was his presence, his penetrating gaze on me and assured that he loved me as much as I loved him.

    God, how strange those days! As it hurts them no more! I never missed my word when I said I was maid … It was Enrique and not Arthur who made me a complete woman, I know … With Arturo there was nothing, nothing compared to what I experienced with Enrique on our wedding night. Enrique was my first man, and will be the last, because I swore to be his forever and will be until the day I die. As I remember those nights in his arms, Enrique passion can not be described in words, maybe that’s why no woman can resist. It’s just why my contempt for them is not so great … because I understand how powerful that part of you, who dares to even spread at the expense of my suffering. Long were the nights of love for her, sweet moments together, overwhelming the flame of his ability to love. So much love fruit left is our early years, including a handsome prince who had his eyes. But fate did not allow them to live long enough to keep alive the love of his father for me. God in his infinite mystery decided to snatch these children from my side when they had barely managed breath of life, and punishment of those deaths … Enrique love me no longer the same. It was then that they were lovers … all filling anything in life … Enrique those women who my bridesmaids, my servants were called, awakened in excruciating passion that turned out the death penalty for our children. With much pain I swallowed jealousy! I had to draw strength from where it had not confront, not to shout from the rooftops rage consumed by his deception me! Was not I still young, perhaps I was not able to give more children, perhaps it was not like them in our intimacy?

    But I was always faithful, always his loving wife, his flawless queen, incapable of a hostile word to my lord. And at night, knowing I was coming maybe sleeping in other sheets, I received him in my bed, accepted his caresses, kisses and love, and it was then that she was conceived … the greatest of my joys. As Mary was born … a girl who in their eyes had to be male, but in mine it was a sign that there was hope, announcing his arrival just blessed that more children would come. Mary, Mary … my sweet princess; daughter of my heart. The balm that soothed long the voracity of king beds outside, and returned it to me, his tenderness toward my back; three were as one, and went back to being happy, a smiling and willing queen, a happy and proud mother, a loving wife and devoted. More as sure as nothing is forever … little lasted joy, because after the birth of Mary’s death came only with each new maternity touched me … dead silence and blood filled my life, and died last delivery … my hopes of giving a prince man I love.

    The light of joy faded away, only Mary kept me strong … wanting to follow. His presence made me forget that my belly was dry and battered. But in my lonely hours, the echo of rumors lovers tormented me, plus the guilt of knowing I could never please my king … made me do me a blind eye … for if I forgave my fault, I should do the same with theirs. I always thought he still loved me somehow, sometimes visited my bed … if only to sleep next to me also, but had lovers, I always remained his queen. I consulted things, talked as husband and wife, nothing was as before, but I was his queen, and no other overshadowed my place beside him.

    But now … now she arrives, she is not like any other woman of this court. She is strong, beautiful, bright as the sun, with the same vitality that I had years ago with the wisdom and courage to start my side the man that I love, and with it, my crown. That crown now hurts like it was made of thorns … because now not take as queen keeps me safe, my crown has no power, for it with their darkness is killing him. Anne Boleyn, like his sister captured the interest of Enrique … just that Ana is smarter. When I look at the court, I feel my blood freeze. It is bold, talented to be admired, and plays with the desire to Enrique with extraordinary perfection. He knows how to drive him crazy without letting even touch. I hate to see them dance in my presence, and witness as they devour each other with their eyes. The curse silently while envy, because I wanted to have what she has, would absorb its charm and youth to get my king … I have him as before so … as she has now.

    And is impressive then see before me, pouring and atendiéndome as the most submissive maidens. Just look me in the eyes, and when he does show a so deep clean respect that sometimes even I believe him. Anne Boleyn, his soul should be as dark as the color of her eyes, she’s like the night raven waiting at the door of the wretched, to observe … and then met their agonies. But when I look, I can not help somehow think … maybe like me, not guilty to feel what you feel, or like me … they have seen as the key to absolute power, even if that means destroying. It’s amazing to show respect his expertise, and then secretly be my king. Your presence makes me imagine her encounters … I find them kissing in the corners, making promises behind my back, planning and will dispose me to be together. As you have to make fun of me, surely say humiliating things, laugh at my mistakes and disabilities! I feel angry to learn that she has what I already lost, and that is slowly killing Henry felt little love for me.

    His presence bothers me, but throw on my side would increase the rejection of Enrique to me. Anne Boleyn not need to rub in words what happens between her and the king, his way of going through the court says it all … these beautiful jewelry that looks every day, daring to dress the French when my order is reversed. I am the queen, but now is Ana who rules in this house … rather … in this place … because this palace was no longer my home long ago. And I ask God with fervor: Why let the sun shine for her, while rain bitterness about myself? Why let her into your heart, and walk away? What did I do to deserve this torture? Everyone knows who did it all for giving the king a son, I never denied my body but I was suffering the worst of fevers or the deepest sadness, because like him, I longed for that blessing. I still have no answer, and time is running out. Years come and go, Ana slowly gaining ground, Enrique humbles me and adorns her happiness, my faith is strong, but my strength decrease.

    I have been betrayed so many times by women who have been calling my bridesmaids. Which gave him a son who is now over my daughter in range and perhaps also in love, he spent long … only stayed as the mother of his son and nothing else. I felt humiliated but still I kept strong … because he did not change me for it. But Ana … she is different, Enrique loves it, want it, know that your youth is a sign of a healthy motherhood, sees in it the hope of a prince and does not mind ending everything good and holy in this realm, provided to sit her beside her as queen, burying me in the way … as if I had been a mistake in her life, a misstep, a hindrance. Those close the king’s favor … increase the desire of the king of banishing have changed your mind, your heart … did sin in the most abominable manner. The King no longer has love for his people, the Holy traditions, even for the Law of God. In your life … Ana is the law, and I am the plague to be cured so she can shine in full freedom. Time passes … this place is getting colder, I do not want to leave my room, I was stunned sighs of those I have hurt her, I hurt the voices of those who rejoice at my misfortune, I can not even see my daughter, my Beautiful Maria, there is no consolation since I snatched me the light of his eyes. It hurts to know that while I use here, she is happy with my King. Why Enrique? When I look around, I see less maidens … surely they have decided to serve her, are fed up with my sadness and are not willing to comfort me. Is this life that Anne Boleyn want with such fervor that has not stopped to think that someday, like me, may be under the same circumstances? I know she has promised him a son, must have done, she knows is what the King’s wishes. Kneeling to pray for a son … because otherwise, if it does … maybe your destination end up being more black than mine. More I have no interest in warning. Enrique is moving the world for her … if she does unhappy with it will be much more cruel than me, I’m sure. But God, why doubt your victory? If she has already managed to sink into the hard solitude.

    Just sleep, this new dawn that my eyes are dark, I feel that I get the last blow. Suddenly I heard footsteps, then the voice of one of my bridesmaids announcing the arrival of Secretary del Rey, seeing me realize that I was right. Bring in your hands what appears to be a royal decree. When read aloud, I understand that is the end. The King ordered me to leave my home, my life, my memories, my love for him. I ordered to leave the place that witnessed so much love, so much happiness, so much glory. I sent a section of his new life with a woman who could never love him with the same force with which I loved place, with which I’m still loving despite his cruelty toward me. But when I joined him I swore to honor and always obey, and that’s what I’ll do.

    Everything is ready for my departure … just fairer my lady, whom I consider a friend rather than a servant, has decided to follow. My dear Maria de Salinas, like going to suffer when I tell you that you will not be allowed to accompany me, fearing that help me conjure a vengeance against the King. That think of me, I fear even when they know that my nephew never intervene on my behalf … blind’ve been all this time. If you have been able to maintain my sister her mother in the shadows as if she had never been queen, if she broke her engagement with my daughter … I can perhaps expect support from you? After all, it profits me nothing now. Enrique has given his word against that nothing can be done. Say goodbye to the place I once watched my happiness, and I now bouncing on degrading humiliation. All is quiet, the air is thick, I feel lost; just waiting for me three servants are not ladies of nobility, but at least bow to me, recognize me as his queen, so I will always be grateful.

    I know that there will be no return, it yells heart. She has won, overcame all obstacles that made me strong and invincible. It was against everything and everyone. Although it hurts, but I feel the most miserable to admit, is that she will reign in this place. It compatirá his bed, will give the princes that I could not give erase my existence in this place and become a sad memory. When I asked how this could happen, what did I do to deserve this? Arise thousands of responses, and all make me guilty. Love has no place in the kingdoms of the earth; power, desire, ambition and lust have supplanted him. If the queen did not please the king, this is doomed to be crushed by his anger. And the same will happen to her if she dares to break their promises.

    Goodbye to this place, my memories, I know I’m not return … no longer worth fighting for what is lost plenty. I can only God, and hope that someday the heart of Enrique remember the great love we swore us not forget we have a daughter, a daughter who is everything this kingdom deserves as a sovereign, once he no longer seated on the throne. I leave behind my heart, my heart, my life … everything went be marked forever in the land, on the walls of this palace. Farewell My kingdom goodbye to my beloved Lord and husband. I go alone, carrying my cross but with my soul clean … because I’m the queen, the queen but she ride with my crown. I am the queen, even in the farewell … and will remain until the end of my days.

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