Consejos (Reina Isabel de Castilla y Catalina de Aragón)

*Me encuentro rezando en mi capilla privada, dentro de mis aposentos, cuando una de mis damas se aproxima, se arrodilla respetuosamente a mi lado y se dispone a darme un mensaje* ”Su majestad, vuestra hija, la princesa Catalina ya se encuentra aquí. *Finalmente, después de un largo día de atender embajadores, podre hablar con mi hija; esto no es algo que me agrade mucho, ya que estoy viendo a mis hijas dejar el nido. Pero nacimos en cuna de oro, y con eso vienen ciertos sacrificios. Me persigno, me pongo de pie y camino hacia mi alcoba principal, donde veo al tutor de mi hija Catalina, Alessandro Geraldini, y tres Nanas. Todos, incluyendo a mi hija, se inclinan ante mi presencia; dulcemente le sonrio a mi Catalina; luego con un gesto hago que mis damas, el tutor y los sirvientes de mi hija se retiren. Ahora que estamos a solas, es momento de hablar claro y sin rodeos. ”Siéntate Catalina”. Con dulzura observo a mi pequeña sentarse en mi cama, camino hacia ella, y me siento en una silla, ahora estamos frente a frente. ”Hija, teneis que comprender que para una madre nunca es fácil hablar sobre el momento en el que una hija debe… irse para hacer su propia vida, y en tu caso; ir a gobernar un nuevo reino. Aunque aún falta tiempo; es mi deber decirte que desde que cumplisteis los 3 años, fuisteis comprometida en matrimonio con el Príncipe Arturo Tudor, Heredero del Trono de Inglaterra.    Mas adelante, cuando tengas edad para comprender y esteis en camino hacia tu destino junto a él; te voy a explicar las ventajas de tu matrimonio y tus deberes para con su reino y el nuestro. *Puedo ver miedo en los ojos de mi hija, y eso me conmueve, pero quiero conocer su respuesta, aun cuando es pequeña, se que a su modo, me ha comprendido*

Catalina de Aragón

Mientras escucho, mi vista se pierde en el horizonte. Mi mente viaja lejos, hacia Inglaterra. El reino donde un día viviré, sobre el que un día gobernaré. Lejos de mi querida España. Lejos de mi familia. *Suspiro * Sin embargo, aunque aún soy pequeña, entiendo que para eso he nacido. Cumpliré el destino que Dios tenga marcado para mí….“Está bien, querida madre” *sonrío al ver sus ojos dulces, que nunca olvidaré* “Confío en vuestra majestad. Sé que Dios mismo es quien guía vuestras decisiones. Aunque no os mentiré. Desearía permanecer en España, a vuestro lado. Temo que en otro reino… el sufrimiento me aguarda”

 

Reina Isabel de Castilla y León

El sufrimiento es parte de la vida Catalina mía. Tan fuerte como la felicidad misma, ambas van de la mano. Aun cuando se nace en cuna de oro… se siente de la misma forma. Lo que debes entender, hija mía, es que nunca debes rendirte ante la adversidad. Cuando se es reina, se es reina por siempre. Y se es reina con todo; con la mente, con el cuerpo, con el espíritu y el corazón. *Me pongo de pie y me alejo un poco de ella, es hora de que le hable mas como su reina que como su madre, debo hacerla fuerte, para cuando ya no me tenga a su lado* El Rey de Inglaterra desea mas que nada una alianza entre nuestros reinos. Tu boda con el príncipe Arturo, creará un lazo de paz y prosperidad. Pero será tu deber, mantener ese lazo firme. Yo te voy a ayudar; te voy a guiar para que comprendas y desempeñes tu papel de esposa y monarca como debe ser.

Catalina de Aragón:

*Le sonrío, aunque mi mente permanece dispersa entre lo que es y pronto se irá, y aquello que me espera en otras tierras. Respiro profundamente, para que mis palabras reflejen la fortaleza con que he sido educada * “Es verdad, madre mía. Es preferible el sufrimiento, pues entonces nos entregamos más a la fe para no sucumbir.” *Y mientras hablo, admiro su majestad, y me pregunto si algún día llegaré a ser digna, como ella lo es, de portar la corona de reina.* “Os prometo, querida madre, hacer todo lo que esté a mi alcance para fortalecer los lazos de paz entre Inglaterra y España. Y hasta el día de mi muerte, contando con el auxilio de Dios, y el vuestro, ser una digna gobernante para mi pueblo.

 

Reina Isabel de Castilla y León:

*No puedo evitar sonreír; mi hija, tan pequeña aún y me responde como toda una noble hija de Castilla y Aragón. Catalina; estoy segura que cuando ponga un pie en Inglaterra se robará el corazón de su gente; me acerco a ella, y me arrodillo; le tomo las manos y la miro fijamente a los ojos* Se que cumplirás tu promesa hija mía; serás una gran reina; es vuestro destino. Dios te bendiga Catalina mía; y no desesperes que aún no es tiempo de partir. Ahora ve con tu nana; que mañana será otro día y hablaremos más. *Mi dulce Catalina se pone de pie, me hace una respetuosa y hermosa reverencia y se retira. Es duro saber que poco a poco los hijos se van; pero esa es la ley de quien nace con una corona ya destinada; dejar la patria para reinar a otras tierras; y así dar poder al reino que les vio nacer*

 

 

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